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ROCK is NOT DEAD'



      ROCK IS NOT DEAD

H.

GRANDES DISCOGRAFÍAS CLÁSICAS

THIN LIZZY

THIN LIZZY "Thin Lizzy" 1971

Para aproximarse a la discografía de una banda es importante empezar por el principio y poder ver su evolución a través de sus diferentes trabajos. En el caso de Thin Lizzy lo que nos encontraremos en sus tres primeros discos dista bastante de que lo que vendría después. Sin embargo, lo que ofrecen Phil Lynott, Eric Bell y Brian Downey no es un todo homogéneo que merezca solo un repaso rápido sino que vale la pena que nos paremos para desgranarlo aunque sea mínimamente.


Grabado entre el 4 y el 9 de Enero de 1971 y publicado el 30 de abril de 1971, el primer disco del ‘mark 1’ de la los Lizzy presenta elementos de rock psicodélico, hard rock y rock progresivo. Esa sería la primera impresión al escuchar el disco, lo cual parece muy acorde a la época en que se grabó, cuando era innecesario diferenciar sendos estilos porque la mayoría de bandas de rock o blues-rock se movían indistintamente entre unas y otras aguas.


Por tanto, no encontraríamos ahí grandes diferencias con respecto a otras bandas del momento que bebían principalmente del legado Hendrix, el cual acababa de morir hacía tan solo unos meses. Lo que sí nos encontramos es una banda donde destaca la voz calida y sensual de Lynott, la guitarra virtuosa de Eric Bell y un correcto Brian Downey a las baquetas.


Pese a que estamos aun muy lejos de los temas directos, los riffs punzantes, las dobles guitarras y los estribillos con gancho, el material de este debut no es para nada descartable. Es cierto que le falta cohesión, que por momentos se dispersa y que aun no estaba definido el estilo del grupo, pero hay varios temas que vale la pena destacar.


El disco se inicia con The Friendly Ranger At Clontarf Castle, un tema con un inicio bastante Hendrix y que paulatinamente se va convirtiendo en más melódico para acabar acercándose por momentos a los nunca suficientemente reivindicados Cream. Este tema empalma con Honesty is no Excuse, lento y melódico, con teclados de fondo y una guitarra que dibuja algunos riffs al estilo "The Shadows".


Más lenta aun y con elementos folk es Diddly Levine, que en su parte central da un curioso vuelco hacia sonidos mucho más hard rockeros para acabar donde había empezado. A continuación es el wah wah de Bell el que destaca, en un tema, Ray-Gun, este sí netamente Hendrix.


Look What the Wind Blew In es una de la canciones memorables del disco, con claras influencias Cream. Sin embargo la lenta Eire resulta un tanto insulsa pese a los guitarreos susurrantes de Bell.


Suerte que Return of the Farmrer’s Son nos coloca de nuevo en ese proto-hard rock que personalmente tanto me gusta y que ya empieza a parecerse en algo a lo que los Lizzy nos ofrecerán tan solo unos pocos años después.


Clifton Grange Hotel es tema lento donde se resaltan los dibujos guitarrerros de Bell, mientras que Saga of the Ageing Orphan es una balada bastante insulsa a la que le sigue Remembering Part 1, que tampoco es un tema que brille en ningún aspecto excepto en el virtuosimo que muestra Bell en un largo solo que trascurre desde la parte central del tema hasta que este finaliza.


El disco finaliza ahí pero si os hacéis con la versión en CD (1990) os encontraréis con 4 temas más, pertenecientes al EP ‘New Day’ editado solo unos meses después de este primer LP, con los temas ‘ ‘Dublin’, ‘Remembering Part 2’ (New Day), ‘Old Moon Madness’ y ‘Things Ain’t Working Out Down at the Farm’, donde la que más destaque sea quizás esta última.


Solo como anécdota, y para contrarestar el poco éxito comercial que este disco tuvo, me gustaría mencionar que según palabras de Ian Pace, Ritchie Blackmore quedó maravillado con la voz de Lynott al escuchar este disco y que si no fuera porque a última hora dudó de las habilidades de Phil al bajo, lo hubiera fichado para Baby Face. Un proyecto de power trío que tendría que haber contado con Ian Pace a la batería, Blackmore a la guitarra y Lynott al bajo y la voz y que nunca vio la luz.


Òscar ‘Zep’ Herrera

 

 

THIN LIZZY "Shades of A Blue Orphanage' 1972

Muchos críticos musicales alertan sobre las dificultades que una banda debe afrontar para publicar su segundo disco. A menudo las discográficas presionan para que saquen rápidamente un segundo trabajo por tal de no quedar en el olvido y poder continuar con cierta solvencia en la indústria. Esto provoca que muchas bandas se precipiten en esa segunda entrega y aporten algunos temas ya compuestos que si no fueron incluidos en el primer disco es precisamente porque no mantenían el nivel suficiente. No sabemos si ese es el caso de este ‘Shades of a Blue Orphanage’ pero lo cierto es que este trabajo, como seguramente confirmarían la mayoría de sus seguidores, es probablemente el más flojo de la carrera de los irlandeses.

 

La línea musical se asemeja a su debut pero se detecta poca frescura y si bien a nivel instrumental seguimos escuchado a unos músicos correctos, incluso brillantes en el caso de Bell, la composiones no están a la altura.


Pese a que el disco empieza con un tema funky y guitarreo mucho más que aceptable, The Rise and Dear Demise of the Funky Nomadic Tribes, luego se pierde con temas como esa especie de vals llamado Buffalo Gal donde lo único que llama la atención es la curiosa ‘llamada al búfalo’ del estribillo, o con la inefable I Don’t Want to Forget How to Jive donde Lynott imita de forma bastante burda a su amado Elvis.


La balada Sarah precede a un par de temas rockeros, Brought Down que cerraría la cara A y Baby Face que abriría la B. Acto seguido la acústica Chatting Today aporta poca cosa y algo más de tensión rockera viene de la mano de Call the Police donde lo que se hace un poco insufrible es lo reiterado del estribillo.


Finalmente el disco acaba con el tema-título. Una canción lenta y un título que remite a las anteriores bandas de Robert Downey (Shades of Blue) y de Eric Bell (Orphanage).


Suerte que la siguiente entrega de las tres que nos ofrecieron Thin Lizzy como trio, ‘Vagabonds of the Western World’, fue un poco más acertada.


Òscar ‘Zep’ Herrera

 

 

 

THIN LIZZY "Vagabonds of the Western World" 1973

Tras el éxito de su single 'Whiskey in the Jar', y una fallida y catastrófica gira como teloneros de Slade, Thin Lizzy se metieron en el estudio dispuestos a demostrar que eran algo más que una banda de un solo single. Tenían claro que no deseaban cometer los mismos errores que con su segundo disco, por lo que se tomaron algo más de tiempo en la grabación.


No solo se centraron en los aspectos musicales, sino que cuidaron especialmente los estéticos. Encargaron al artista irlandés Jim Fitzpatrick la maravillosa portada del disco. Phil Lynott era un ávido lector de ciencia ficción y comics de marvel, le transmitió su idea a Fitzpatrick quien creó no solo esa psicodélica portada, sino también el primer logo del grupo.


Con este disco se cierra una etapa, no demasiado brillante, pero es el broche de oro con el que se despide Eric Bell de la banda.


Se deshacen de sus raíces folkies y blueseras, aunque sin abandonarlas del todo, en favor de sonidos más hard rockeros. Se aprecia una base rítmica más agresiva, y la guitarra toma gran protagonismo, anticipando vagamente lo que habría de venir después.


Una muestra de esa fuerza y agresividad es The Rocker, único tema de esta primera etapa que posteriormente conservaría la banda para sus directos. Se convertiría en un himno de la banda, en el tema con el que automáticamente asociarías la figura de Phil Lynott, o quizá como él se quería ver a sí mismo.


El tema que da título al album, también es un tema lleno de fuerza y agresividad. Lynott mezcla su voz aquí entre suave y agresiva a partes iguales.


No dejan totalmente de lado sus raíces blues, pero las dirigen hacia nuevos sonidos, como en Slow Blues, un gran tema donde hacen una especie de fusión entre los sonidos blues y los más nuevos funkies, al igual que en otro de los temas con más fuerza, Gonna Creep up on you.


Little girl in Bloom es el tema balada del album, una pequeña joya con unos juegos de guitarra que te hacen pensar en las futuras guitarras gemelas.

Sin embargo, y aunque se ve un cambio de registro respecto a sus anteriores trabajos, aún se nota una cierta falta de fuerza y cohesión en el disco, con demasiados medios tiempos o temas lentos.


The Hero and the madman es un extraño experimento, cantado hablado , que no resulta del todo satisfactorio.


El tema con el que se cierra el album, A song for while I’m away, es un medio tiempo preciosista, que te deja con ganas de más.


Tenían los elementos para continuar una brillante carrera como power trío, sin embargo Eric Bell, harto de las presiones de la discográfica para que escribieran otro hit single, quemado por la falta de resultados, y con otros problemas personales agobiándole, dejó a la banda en mitad de un concierto, dejando solos a Lynott y Downey para que terminaran el show.


Inmediatamente se pusieron en contacto con un jovencito llamado Gary Moore para que terminara la gira, algo que se convertiría casi en una costumbre a lo largo de la vida de la banda, pero esa es otra historia…

 

 

Arantxa González

 

 

THIN LIZZY "Nightlife" 1974

“Nightlife”, el cuarto trabajo de Thin Lizzy, es el primero en incorporar al tandem guitarrístico compuesto por el californiano Scott Gorham y el escocés Brian Robertson. Este segundo ‘mark’, ahora ya como cuarteto, es el que cosechará mayores éxitos para la banda y el que nos legará infinidad de melodías que serán marca de la casa durante un buen puñado de discos. A partir de ese momento las ‘twin guitars’ de los ambos hachas, junto con la siempre cálida voz de Lynott y una potente base rítmica, será lo más reconocible de los Lizzy.


Pero no adelantemos acontecimientos porqué este primer disco con nueva formación aun dista mucho de lo que vendría justo a partir del siguiente disco, ya con sus miembros plenamente asentados y con un estilo mucho más definido.


En “Nightlife” solo podremos desgustar con cuentagotas esos elementos tan definitorios y las ‘twin guitar’ solo sonaran de forma clara en un par de temas.


De hecho, pese a que el disco se mueve ya (al menos por momentos) por derroteros netamente hard rockeros, abandonando las influencia psicodélicas y progresivas, cuenta con muchos medios tiempos y temas lentos, algunos de ellos con aires folk y soul.


She Knows y Night Life son dos ejemplos de medios tiempos un tanto sosos. Por contra en el tercer tema, It’s Only Money , el hard rock aparece de forma contundente y meritoria, mientras que Still in Love with You es un destacable tema blusero interpretado a la guitarra por Gary Moore, el viejo amigo de Lynott que acudió en su ayuda justo antes del cambio al ‘mark 2’ y que volverá a hacerlo en diferentes momentos de su carrera. Esta canción, que en su momento pasó, como todo este disco, sin pena ni gloria, tiempo después se convertiría en uno de los clásicos del repertorio de la banda en directo.


Frankie Carrol es otro tema lento que precede a la soulera Showdown

En Banshee es un tema folk donde en algunos momentos escucharemos ya ambas guitarras tocando una misma melodía pero en su versión menos agresiva.


En Philomena, con caires celtas y dedicada a la madre de Lynott, también aparecerán por instantes las guitarras dobladas pero no será hasta la contundente Sha La La cuando por fin podremos degustarlas en todo su esplendor. El tema más rockero junto con la citada It’s Only Money y el más destacable de todo el disco, antes de su cierre con la balada Dear Heart


Podríamos decir como resumen que en "Nightlife", que curiosamente había contado con el pretigioso Ron Nevison a la producción, solo apunta aquello que tanto nos gusta de la banda y que empezará a mostrarse en plenitud sobretodo a partir de su siguiente obra, “Fighting” que saldrá a la venta solo unos meses después, a mediados de 1975.


Òscar ‘Zep’ Herrera

 

THIN LIZZY, "Fighting" 1975

No todas las bandas se pueden permitir el lujo de dar los primeros pasos con un sonido pulido y reconocible. Ciertamente, la banda de Lynott tuvo que dar varios tumbos hasta dar con la formación ideal (la que incluye a Scott Gorham y Brian Robertson) y con el sonido correspondiente. 

"Fighting", segundo trabajo como cuarteto, consiguió desarrollar lo empezado con "Nightlife" y por fin dar con la tecla que más adelante nos daría tantas alegrías. Si bien no llegó al punto de sublimación que supuso "Jailbreak" un año más tarde, en este disco ya podemos encontrar todo lo que Thin Lizzy iba a llegar a ser: las melodías, las dobles guitarras, el folk escondido bajo capas de rock. Nada que no sepamos ya.

Todo en el quinto disco de la banda apela al imaginario a la que la banda nos acostumbró. Está, primero, en la música: la mezcla deliciosa de lo rudo con lo sentimental, de los guitarrazos complementados con mucho wah-wah llorón, de la voz del líder, que ha inspirado a más gargantas de las que podamos jamás contar. No hay forma de ser más duro y más blando al mismo tiempo. 

Pero no sólo está en la música, sino en el universo letrístico que ya venía asomando tiempo atrás: estrofas que cuentan historias de tebeo, héroes o antihéroes torpes pero encantadores. Un poco como el llanero solitario, y otro poco como el Marlon Brando de "¡Salvaje!". Quizá no por casualidad tenemos entre los mejores temas ese The Wild One, un western urbano que recuerda, de nuevo, a esas películas de bandas callejeras por las que Lynnot debió de sentir especial atracción. 

No son los mejores de su discografía, pero temas como For those who love to live o Fighting my way back sirven como muestras de lo que estaba por llegar sólo unos meses más tarde. Contribuyendo al resultado final está también la mano compositiva del resto de la formación: tanto los dos guitarras (Robertson firmó Silver Dollar, Gorham Ballad of a Hard Man) como el siempre eclipsado Brian Downey, consiguen dar el apoyo suficiente al genio irrepetible que fue Lynnot. Paradójicamente, el punto cumbre de "Fighting" lo consigue una versión: Rosalie, o cómo hacer, de un buen tema, un himno con señas de identidad propias.

"Fighting" es, si tan sólo lo consideramos, un disco estupendo a reivindicar (¿como todos los de Lizzy, quizá?), aunque, si lo comparamos con lo que vendría después, no es más que la sólida base sobre la que un puñado de himnos inmortales iban a erigirse. Que no es poco.


Julen Figueras


THIN LIZZY "Jailbreak" 1976

Para muchos la cúspide de la carrera de los Lizzy está en este “Jailbreak” y si bien eso  siempre es discutible ya que algunos se decantaran por este, otros por Bad Reptation u otros por Johnny the Fox, de lo que no cabe duda es que un tercer disco suele ser un momento clave para cualquier banda. Y a los Thin Lizzy se les podía considerar como una nueva banda desde que Gorham y Robertson se habían unido a ella hacía a penas un par de años.

 

Así que después de un primer disco de adaptación y un segundo disco de asentamiento de todos sus miembros y de confirmación de su talento y creatividad, llegó por fin el disco de éxito de la banda.

 

De hecho, gracias a este disco estuvieron a punto de realizar una importante gira al otro lado del Atlántico, ya como cabezas de cartel en junio de 1976, y si no hubiera sido por los infortunios del destino en forma de una hepatitis que mantuvo en cama a Lynott durante varios meses, el gran puñado de fans que la banda estaba cosechando por aquellas tierras hubiera podido disfrutar de ellos como banda principal y ya no como soporte de de Aerosmith, Reo o Rush. Pero tuvieron que conformarse con seguir escuchando en sus tocadiscos o en las FM temas como The Boys are Back in Town y convertirlos en una suerte de himno para una juventud americana marcada por la recién finalizada guerra del Vietnam.

 

El disco, sin duda excelente, aúna todos los elementos característicos de la banda en sus años de mayor esplendor. Ritmo y melodía, las ya clásicas armonías de guitarra, la sensualidad de Lynott y ahora más que nunca temas hímnicos que con el tiempo se han convertido en clásicos atemporales.

 

Desde el riff inicial de Jailbreak, tan simple y directo como irresistible, hasta tema que cierra el disco, Emerald, nos encontramos con un trabajo lleno de vitalidad, energía, buen rollo, optimismo. Parece que Lynott estaba atravesando uno de sus mejores momentos vitales y eso se refleja en su música y la de los suyos. Lastimosamente, como ya hemos comentado, no duró mucho esta etapa pero también sabemos que por suerte su recuperación nos brindó nuevos y enormes trabajos.

 

Pero volviendo al disco que nos ocupa, Angel from the Coast es su segundo tema, donde la banda se recrea y da muestras de todo su esplendor en un tema lleno de ritmo., mientras que Running Back es un medio tiempo alegre con algunas pinceladas de saxo y Romeo and the Lonely Girl refleja, sobretodo por su estribillo, ese lado más poppy de Lynott que nunca quedó de lado aunque también se incluyan, como no, las guitarras dobladas.

 

Warriors es el contrapunto rockero, Un tema contundente que se convierte directamente en brutal en cuanto las maravillosas guitarras de Roberstson y Gorham hacen su aparición.

 

La citada y siempre genial The Boys are Back in Town da paso a Fight or Fall, uno de los temas más lentos y sensuales del álbum. A continuación Cowboy Song, con una de esas temáticas recurrentes de Lynott, la del cowboy errante, que tanto influenció, en propias palabras de los de New Jersey, a bandas como Bon Jovi. Musicalmente poco hay que decir, haca falta tener muy poca sensibilidad musical para no emocionarse al escuchar las guitarras del todavía jovencísimo Scott Gorham y del siempre genial ‘Robbo’.

 

Y para colofón la perla final de Emerald, otro tema arquetípico del rock que practicaba Thin Lizzy, tan intenso y emocional como lo es todo este icono rockero llamado ‘Jailbreak’.

 

 

Òscar ‘Zep’ Herrera

 

 

THIN LIZZY "Johnny the Fox" 1976

…Y después de parir una obra maestra llega ese momento “cabrón” para cualquier banda que lo haya logrado, el de satisfacer a las tres partes más implicadas con la misma (discográfica, crítica y público) obsequiándoles con un nuevo disco que esté a la altura.


“Jailbreak” fue ese momento mágico que logró ese triple objetivo. Un disco al que no le sobraba ni una coma y que encima había dejado al menos tres clásicos para la posteridad.


El clásico pandillero por decreto con carta blanca para el éxito comercial en "The Boys are Back in Town", el clásico macarra Heavy Rockero de "Jailbreak", y el clásico para forajidos solitarios con aroma sureño al que apestaba "Cowboy Song".


Así que tan solo un año más tarde las guitarras gemelas debían de estar perfectamente afinadas y en sintonía para un nuevo disco. Pero antes de que “Johny the Fox” saliese a patear culos rockeros, el lider de la banda pasaría por un mal momento en lo personal.


Una hepatitis dejará a la banda en el dique seco, algo que aprovechará el enfermo, que no era otro que Phil Lynott, para componer el material que debía dar réplica al tremendo “Jailbreak”; y hay que señalar que la banda lo lograría al menos en un 75 % del material, pariendo un trabajo inferior a su formidable antecesor, pero con una calidad fuera de toda duda, aunque luego quedaría un tanto eclipsado por el siguiente álbum de la banda, el ya publicado como trío, “Bad Reputation”.


“Johnny The Fox” no puede empezar de mejor manera, aunque comparándolo con el arranque de “Jailbreak” los nuevos temas resultan menos convincentes en una primera toma de contacto.


Aún así, no se le pueden poner demasiados peros a un temazo del calibre de Johnny, o a otro como Borderline, donde las guitarras gemelas vuelven a hacer de las suyas y en el que Lynott acierta de pleno nuevamente con sus brillantes téxtos.


Además, Thin Lizzy en este nuevo disco, saben como conducir al oyente hacía nuevos terrenos en los que explota el filón Pop dentro del Rock Duro ( en la esencial Don't Believe in a World) o el de la música Funky tan de moda en aquella época dentro de la chuleta Johnny the Fox Meets Jimmy the Weed.


Que caigan en el autoplagio en Boogie Woogie Dance es 'peccata minuta' cuando luego firman dos burradas del tamaño de Rocky o Massacre. La primera es otro himno 'kinki' callejero de esos a los que Lynott saca siempre lo mejor de sí, y la segunda es un cañero Proto-Heavy-Rock volcado en aspectos puramente irlandeses, en los que la religión es la que manda.


Ambos temas, son dos clásicos del repertorio de la banda desde el día en que “Johnny the Fox” salió al mercado (16 de Octubre de 1976).


Como suele ser habitual en él, Lynott nos regala uno de esos momentos románticos que suele plasmar a la perfección sin caer en lo cursi o lo pedante, Sweet Marie es una maravilla en toda regla, otro temazo en el que abusa como cantante, músico y compositor; algo que volverá a lograr en menor medida en el siguiente “Bad Reputation” o más adelante con el sobresaliente “Black Rose”.


Pero “Johnny the Fox” es un álbum que no decae nunca, con excelente Rock como el de Fools Gold o el de Old Firm, canciones que no son tan famosas dentro del repertorio de la banda, pero que tienen un sonido único y característico dentro del Rock Duro que se publicaba a mediados de los 70 y que ayudaron a cimentar la leyenda de este gigante irlandés.


Caído en Little Big Horn


 

THIN LIZZY "Bad Reputation" 1977

Que el arte pervive a sus creadores lo deja patente un disco como “Bad Reputation”. No sólo ya por la indiscutible influencia de una banda cuyo sonido ha pasado a ser tan irlandés como la Guinness, sino por la magia que el combo de Lynnot consiguió mantener incluso después de que uno de sus pilares básicos fuera despedido.



En medio de una carrera que iba viento en popa, “Bad Reputation” supuso una de las pruebas de fuego a las que el -durante un tiempo - trío tuvo que enfrentarse. El destino no quiso que Robertson acabase ahogado en su propio vómito, pero Lynott tampoco iba a arriesgar la trayectoria de una banda que estaba por fin en la cresta de la ola. Una portada impropia de la banda podía hacer pensar lo contrario (oscura, austera y, además, no diseñada por Fitzpatrick), pero el disco que siguió a Johnny the Fox no sólo mantuvo el nivel de su predecesor, sino que lo elevó un peldaño por encima. 

¿El resultado? Suena la entradilla majestuosa de Soldier of Fortune, y uno se pregunta si la cosa no tendrá que ir irremediablemente a peor. Una canción construida a imagen y semejanza de lo que el universo Lizzy encerraba, incluidas esas armonías guitarreras que esta vez corresponderían a Gorham por partida doble. 'Robbo', no sólo borracho sino pendenciero, dejó la banda por la puerta de atrás y con una mano inutilizada, no se llevó la contribución innegable que hizo al grupo.


Incluso sin una de sus hachas, aunque finalmente Robertson toca en tres temas y colabora en los teclados, la máquina Lizzy consigue algunos de los temas más conseguidos de su carrera, algunas cañeras como la fantástica y poco usual Opium Trail (donde sí participa 'Robbo'); los medios tiempos -quizá dos de los más logrados- Southbound, Dancing in the Moonlight; o el potente corte que da título al álbum.


Y detrás de todas ellas, la mano, la garganta y el corazón de un Phil Lynott en horas altas, casi siempre solo, a veces ayudado por sus compañeros Gorham y Downey.


La magia que se creó de la sinergia irrepetible Downey-Gorham-Lynott-Robertson parecía que iba a romperse en cuanto una de sus piezas fundamentales fallara, pero nada de eso ocurrió. Más bien, una vez el sonido fue creado, dejó de pertenecer a ese cuarteto para pasar a ser patrimonio de la Humanidad.


Bad Reputation es sólo una prueba de ello. Estamos hablando un álbum de supervivencia que no sólo consiguió mantener la compostura, sino que ha llegado a ser, quizá junto a “Black Rose” y el indiscutible “Jailbreak”, uno de los discos más valorados de una banda a la que no le sobra ni una canción.



Julen Figueras


THIN LIZZY "Live and Dangerous" 1978

Aunque a estas alturas ya habían editado grandes obras como “Jailbreak”, “Johnny the Fox”  o “Bad Reputation”, los discos de Thin Lizzy aún adolecían de la potencia y fuerza que imprimían a su directo, por lo que Phil Lynott decidió que ya era hora de que todo el mundo supiera de qué eran capaces los chicos más peligrosos del rock. 


No habían tenido mucha suerte hasta entonces, parecía pesar una maldición sobre ellos, el éxito de “Jailbreak” se había visto ensombrecido por la cancelación de su gira americana debido a la enfermedad de Lynott. Siguió la edición de “Johnny the Fox”, pero también sufrieron un duro revés ya que la noche antes de salir de gira por tierras americanas, Brian Robertson se metió en una pelea que le supuso una grave lesión en la mano, se llegó a pensar que nunca volvería a tocar, y tuvo como consecuencia su expulsión inmediata de la banda. 


Lynott recurrió a su viejo amigo Gary Moore para reemplazar a Robertson durante la gira, sin apenas ensayar, por lo que los conciertos no resultaron como esperaban, y Moore volvió a abandonarles a su suerte para unirse a “Colosseum”. 


Ante la insistencia de Gorham, Lynott decidió readmitir a Robbo en la banda, y de resultas grabarían uno de los discos en directo más memorables de la historia del rock. 


Grabado en el momento cumbre de su carrera, con la formación clásica y la más querida por los fans, (Lynott, Downey, Gorham y Robertson),  muestra una banda en estado de gracia, llena de fuerza, rabia y energía. Sería además,  la última grabación de Brian Robertson como miembro de Thin Lizzy, ya que no mucho tiempo después, Phil Lynott cansado de sus peleas y de su actitud pendenciera, le expulsaría definitivamente, cerrando así una etapa brillante llena de grandes temas.


Mucho se ha escrito sobre este disco,  considerado por muchos uno de los mejores directos de la historia, no está falto de su parte de controversia. Su productor, Tony Visconti, declaró que el disco era 70% estudio y el resto directo. Posteriormente los miembros de Thin Lizzy lo negaron fervientemente, llegando a editar un disco “Still Dangerous” fruto de las grabaciones en directo que hicieron para sacar “Live and Dangerous”. Lo que está claro es que en este directo mejoran cada uno de los temas de estudio.


Abren con su himno Jailbreak, tema con el que solían abrir siempre sus conciertos, lleno de su chulería habitual. Pero, ya en el segundo corte, nos dejan, uno de los momentos álgidos, la épica Emerald,  donde brillan Brian Robertson y Scott Gorham, con un solo atronador que te hace pensar en una pelea callejera a veces y otras en un épico duelo de guerreros, compenetrándose el uno con el otro a la perfección, demostrando por qué fueron la pareja de guitarras gemelas más admirada y querida por los fans de la banda.


No es la única muestra de la magia, la fuerza y la compenetración que poseían el famoso twin guitar, volviendo a brillar con contundencia en Massacre y Warriors. Temas épicos donde Lynott hacía muestra de su amor por la historia irlandesa.


No faltan momentos más relajados, con la elegante Southbound o la muy comercial Dancing in the moonlight.


Phil Lynott podría no ser un gran vocalista, pero cuando escuchas la interpretación que hace de Still in Love with you, no puedes evitar estremecerte y sentir toda clase de emociones ante la tristeza e intensidad de lo que está escuchando.  


A lo largo del álbum desgranan sus grandes éxitos, Suicide, la maravillosa Cowboy song que enlazan con la inevitable The boys are back in town o la funkie Johny the Fox


Mención especial para Sha la la la, un tema casi instrumental, con un inspirado solo de batería por parte de Brian Downey, ese músico que casi permanecía a la sombra de la gigantesca presencia de Phil Lynott, y de la popularidad del twin guitar, pero que había ido mejorando, convirtiéndose en un gran e infravalorado baterista.


Como no podía ser de otra forma cierran con The Rocker, un himno a su forma de vida y de ser, tocado de forma más rápida que el original.  


Cuando terminas de escuchar el disco te queda una emoción profunda, el corazón latiendo muy deprisa, y piensas por qué no fueron más grandes, por qué la suerte irlandesa les fue tan esquiva. Tuvieron oportunidades, rozaron el cielo, pero nunca llegaron a él, siempre había algo que les truncaba su suerte, ya fueran enfermedades, broncas, actitud pendenciera, demasiadas fiestas... 


Lo que es innegable es que es ‘Live and Dangerous’, casi 40 años después de su publicación, sigue tan vigente, lleno de energía  y magia como el primer día. 



Arantxa González


THIN LIZZY "Black Rose" 1979

Tras la expulsión definitiva de Brian Robertson, los Lizzy volvieron a contar con Gary Moore, esta vez como miembro permanente, o esa era la idea...

Black Rose es quizá el disco que muestra el sonido más Lizzy. Todos los elementos que crearon a lo largo de varios años de duro trabajo, aquí se llevan al extremo. También sería su último gran disco, el último gran trabajo.


Grabado en un año en que comenzaban a soplar nuevos vientos, los irlandeses se mantuvieron fieles a su sonido, sin cambiar un ápice, y sin embargo... suenan diferentes.  

La guitarra de Gary Moore les dio un sonido fresco y diferente, y su profesionalidad y perfeccionismo quizá empujó al resto de los músicos a esforzarse más y sacar lo mejor de sí mismos. Podríamos hablar del disco más perfecto a nivel técnico. Ni uno solo de los temas tiene desperdicio.


Comienza con la comercial Do Anything you want to, con ese redoble, seguido de las famosas guitarras dobladas, en una melodía muy característica. 


Le sigueTougheststreet in town, con un estribillo repetitivo pero con mucha chulería callejera. En la misma línea, con unos toques funkies, tenemos S&M


Waiting for an Alibi puede que sea el corte más comercial, convirtiéndose también en uno de los temas más clásicos.  


Entre tanta dureza callejera hay lugar para una dulce canción de cuna que da la bienvenida a la recién nacida hija de Phil Lynott, Sarah.  


Got to Give it Up es un medio tiempo, duro, melancólico, con una letra que parece una premonición de lo que pasaría tan solo unos años más tarde. No sabemos si es a esto a lo que se refería Gary Moore cuando dejó la banda porque no podía con tanta hipocresía, ya que Lynott y Gorham en aquellos momentos estaban inmersos en una espiral de alcohol y drogas duras. 


Jimmy Bain rondaba por el estudio constantemente, y en palabras de Brian Robertson eso siempre traía problemas para Phil.  Sin embargo dejó su impronta en la suave With Love, donde colabora con el bajo. 


Pero es al final donde está el plato fuerte, con el tema que da título al album. Un tema épico, con los aires del folk celta irlandés que tanto gustaba a Phil Lynott y a Gary Moore. Su duración ya es épica, 7:04.Dividida en cuatro partes, todas tomadas de temas tradicionales, con arreglos de Gary Moore y Phil Lynott. Las partes son Shenandoah, Will you go Lassie Go, Danny Boy, The Mason's Apron.No solo Gary Moore brilla, sino que hay que tener muy en cuenta a Scott Gorham, quien en este tema no se achanta y combina perfectamente con Moore.


Tampoco es de desperdiciar la base rítmica, no solo de este tema, sino de todo el disco, con un Lynott al bajo y un Downey a la batería mucho más melódicos, más contundentes a la vez, más perfectos que nunca. 


Un magnífico disco, al que no hay por donde ponerle un pero, cerraría nuevamente una etapa irrepetible para la banda. 


Gary Moore, cansado de las adicciones y del comportamiento poco profesional de Lynott y Gorham, abandonaría la banda en mitad de la gira, dejándolos a su suerte en los inciertos e irregulares años ochenta. 



Arantxa González

THIN LIZZY "Chinatown" 1980

Thin Lizzy no parecían pasar por su mejor momento cuando se acercaba la hora de publicar el sucesor de "Black rose”. A la salida de Gary Moore, la cada vez más peligrosa relación de Lynnot y Gorham con las sustancias químicas de alto octanaje y el inicio de la incipiente New Wave Of British Heavy Metal (con jóvenes bandas dispuestas a comerse el mundo con su música cargada de electricidad y contundencia), se sumaba el hecho de que ese mismo año se publicara el disco en solitario de Lynnot, “Solo in Soho”, cuyo contenido parecía indicar que el interés del carismático y genial Phil estaba ahora en otros terrenos. 


Todo hacía pensar que los irlandeses corrían serio riesgo de desintegrarse.

Pero nada más lejos de la realidad, Lynnot pareció dar un puñetazo en la mesa para dejar claro a todos que Thin Lizzy estaban vivos, coleando y dispuestos a dar guerra. Snowy White entró como nuevo guitarrista tras haber girado con ellos y un jovencísimo Darren Wharton prestaría su apoyo con unos teclados que lejos de tener protagonismo aportaban más base en algunas canciones.


Por algún extraño motivo, “Chinatown” es un disco que algunos no tienen en cuenta y dejan a la sombra, pero se trata de un buen trabajo que no creo que tenga mucho que envidiarle a su predecesor y que se presenta cargado de fuerza y temas de hard rock rápidos y potentes.


We will be strong es pura genialidad Lizzy, esa apertura con una melodía que no hace otra cosa que emocionarte y ponerte los pelos de punta, la inimitable manera de recitar las letras de Lynnot cual poeta desgarrado junto a esos solos de guitarra que terminan doblados en armonía. Lo único que puede hacer uno es preguntarse cuál será el motivo por el que esta canción no es un clásico más.


El tema que da nombre al disco parece una nueva vuelta de tuerca del riff de la versión rockera de Don’t believe a Word, con un tempo todavía más rápido, un filo de guitarras cortante, unos solos geniales y un excelente trabajo por parte de Downey.


La vena más comercial y de influencia pop de Sweetheart aderezada con los teclados de Wharton tras los coros podrían haberla convertido en un buen single para las listas de éxitos, pero eso se reservó para el tema título, para Killer on the loose (posiblemente el temas más conocido de este disco) y para el que cerraba el disco, Hey you, uno de los cortes menos redondos, especialmente si lo comparamos con el resto del disco (y ya que estamos, destacar esa parte intermedia acelerada con el solo que puede servir de ejemplo para comprobar el grado de influencia que ejercieron en los inicios de bandas como Iron Maiden).


Sugar blues es un ejercicio de boggie metalizado por las guitarras y con una base rítmica de Lynnot y Downey contundente y sólida como pocas. Uno no está muy seguro de si ponerse a bailar con su pegajoso ritmo o sacar la raqueta e imitar a Gorham y White.


En el terreno más suave, esta vez sólo incluyeron una balada, Didn’t I, que aun no estando entre sus mejores representaciones del estilo, tampoco hace daño.


Y sobre el contenido de sus letras, Lynnot seguía con temáticas habituales, ya fueran sociales (Chinatown), personales en su casi eterna batalla con las drogas (Sugar blues) e 'incluso ecologistas (en ese tema con aires de ritmos nativo americanos que es Genocide).


Sigamos reivindicando el legado de Phil Lynnot también con discos como “Chinatown”, lo merece.



Alberto H.S.


THIN LIZZY "Renegade" 1981

Si hay un disco polémico dentro de la discografía de Thin Lizzy ese es sin duda “Renegade”. Si descontamos las dos primeras obras de los irlandeses es quizás su disco con más detractores. Pero ¿es tan flojo?. Realmente no se puede valorar del mismo modo que sus obras más clásicas por la situación complicada por la que estaban pasando, con Lynnot y Gorham enganchados a la heroína, con un Snowy White que no sentía el calor de los fans (fantástico guitarrista con nulo carisma) y sobre todo con la amenaza de la NWOBHM (las nuevas bandas heavy británicas) que podían convertir en 1981 a Thin Lizzy en una banda del pasado.


De hecho los resultados comerciales de su antecesor, el muy recomendable “Chinatown”, no fueron muy esperanzadores. Por lo tanto valorarlo en la misma medida que “Jailbreak” o “Black Rose” no le hace justicia y sólo de ese modo se puede afirmar que “Renegade” es un disco con muchos aciertos, con ciertas ansias de renovación que no fueron respaldadas por una producción un poco más musculosa y que por momentos le hacen cojear.

Aún así tiene temas muy brillantes como el inicial Angel Of Death, una rara avis dentro de su discografía. Una canción larga, con unos muy buenos teclados de un jovencísimo Darren Wharton (por fin miembro de pleno derecho del grupo) que le dan un aire incluso progresivo, aspectos que comparte con Renegade, el corte que da título al vinilo. 


Con The Pressure Will Blow vuelven los Lizzy de siempre, los de las guitarras dobladas y los riffs memorables, un temazo que no desentona con su leyenda igual que la vacilona, sencilla pero muy efectiva Leave This Town.


Y para dar inicio la cara B nada menos que Hollywood (Down On Your Luck), para quién escribe esto el mejor tema del repertorio de Lynnot y sus muchachos. Que canción señores, ¡que canción!. Todos los elementos que les hicieron únicos (ya sabéis, twin guitars, los fraseos de Phil....) unidos en cuatro minutos y aderezado con un estribillo absolutamente matador. Una lástima que no pase de ser un clásico de segunda fila, mereció muchísimo más.


La racha sigue con No One Told Him, quizás los años no le han sentado muy bien, apesta a ochentas, pero tiene un deje comercial que le hace muy especial. A partir de aquí las cosas se tuercen. Y mucho. Fats es quizás la peor canción que compuso en su vida Lynnot, nada cuadra en ella, ni siquiera su buen hacer al bajo la salva.

Y no levanta mucho el vuelo Mexican Blood, una especie de pieza fronteriza totalmente fallida. Menos mal que para el final está It's Gettting Dangerous para dejar bien alto el pabellón, una composición que retoma el camino de las dos que abrían


Con “Renegade” al igual que con “Chinatown” las ventas fueron bastante flojas lo que supuso un terremoto en el seno del grupo. Fuera Snowy White y dentro John Sykes, el especialista en revitalizar bandas a base de desnaturalizarlas. Cierto es que “Thunder & Lightning” devolvió a primera linea al grupo metalizando su sonido pero por el camino se dejaron la esencia. Aunque como se suele decir, esa es otra historia.....



Dani Luque Bahamonde


THIN LIZZY "Thunder and Lightning" 1983

Y con él, llegó el escándalo….


Más ruido… más guitarras… más heavy metal….


Los Lizzy nos tenían acostumbrados a ser, digamos, un poco “los perros verdes” del género. Una banda capaz de meter en un disco todo lo mejor de ellos, y cosas que, francamente, no venían a cuento. Veamos, si no, el último trabajo que editaron antes de la revolución sónica: “Renegade”. 


Un disco que tenía temas impresionantes como “Hollywood”, “Renegade”, o “Angel Of Death”, y engendros como “Fats”. Para colmo, lo adornaron, desde hacía ya dos discos, con un guitarrista que, independientemente de su técnica o no, carecía por completo de carisma. Y, para más colmo, se llamaba… Snowy White !!!!


Hasta que Lynott se fijó en una de las promesas más firmes de la, por aquel entonces, hirviente NWOBHM… un rubio melenudo que militaba en una de las bandas perdedoras del movimiento: John Sykes, de Tygers Of Pan Tang.


 Supongo que, impresionado por el trabajo del melenudo rubio en discos como “Spellbound”, Lynott se unió a las novias que a este correscalas le salían a pares por entonces… unos tales Whitesnake también andaban pensando en pagar la cláusula de rescisión del chico.


Pero fue Lynott quien se llevó el gato al agua, y se lo agenció para los irlandeses. Eso, unido a hacerle ya un contrato fijo (que ya lo iba necesitando) a un tipo como Darren Wharton, convirtió a los perros verdes, de la noche a la mañana, en una superpotencia.


Y esa superpotencia fue la que nos regaló dos trallazos en forma de disco como “Thunder And Lightning” y el increíble “Life/Live”.


El disco de la revolución se abre con “Thunder And Lightning”, un tema apresurado, atronador… algo a lo que no estábamos acostumbrados al desvirgar un disco de los irlandeses. Y ya vemos desde el principio que esto va a ser distinto… muy distinto. 


Y también intuímos que ese triunvirato de solos Gorham-Wharton-Sykes nos va a dar muchas alegrías durante este viaje.


This Is The One nos devuelve un poco a los mejores momentos de “Renegade”. Este tema podría haber formado parte de ese irregular disco, y sirve de preámbulo a uno de los momentos estelares del disco: The Sun Goes Down, que es una criatura del Sr. Wharton, y que nos explica el porqué este hombre debía formar parte de Lizzy, oficialmente, desde hacía mucho tiempo.


 Un tema atmosférico, tranquilo, perfecto para escuchar a la caída de la tarde…. y ojito con el solo que el Sr. Gorham se marca, quizás picado por la inclusión de sangre nueva e insolente en la otra guitarra.



Holy War: para mí, el mejor tema del disco. Hay otros temas en este trabajo más espectaculares, quizás, pero yo me quedo con ese “twin guitar riff” de esta maravilla. 


Sykes empieza con la pirotecnia, y la culmina con el siguiente tema, Cold Sweat, su primera aportación como compositor para el grupo.


 ¿Qué se puede decir de este artefacto? Una patada de auténtico metal en el culo, desde el riff inicial, hasta el solo, donde Sykes ya si que se desmelena del todo. Un tema que nadie, en la época de “Live & Dangerous” se hubiera atrevido a asociar con Lizzy.


Mi segunda favorita: Someday She Is Going To Hit Back. Esquema típicamente Lizzy, pero que, con la inclusión de los solos de Gorham-Wharton-Sykes (por ese orden) en él, le dan otra dimensión, más metálica.


Con Baby Please Don’t Go siguen la senda clásica, y cierta concesión a la comercialidad. El tema pasó a ser uno de los puntos fuertes en sus conciertos.


Otra que podría haber estado en “Renegade” es la siguiente, Bad Habits, y con la última, Heart Attack, volvemos a tener esa sensación de “tema de relleno”.


El disco dio pié a una extensa gira, que queda reflejada en el soberbio “Live/Life”, en el que repasan éste y otros discos clásicos, y donde se dan cita viejos compinches como Gary Moore, Eric Bell, Robertson, etc. 


Un “must” para todos los amantes de la música de los irlandeses, y para todos aquellos que disfruten con buen heavy metal y unos solos espectaculares.


Una pena que este proyecto, absolutamente macizo, no tuviera continuidad, porque estaríamos hablando ahora, quizás, de una serie de discos memorables. Todo apuntaba a éllo, hasta que la desgraciada muerte de Lynott dio al traste con cualquier posibilidad.


De la historia posterior… bueno, cada uno tendrá su opinión, mejor o peor. Lo que está claro es que este disco, “Thunder And Lightning” es irrepetible.


Ritchie Moreno



THIN LIZZY “Life-Live” 1983

Life. Vida. Qué título más adecuado para el último legado de los irlandeses. Porque, señores, es toda una vida la que nos encontramos en este trabajo. Eso sí, pasada por el tamiz del mejor heavy metal que el grupo hubiera hecho jamás. Nada que ver con su otrora legendario también directo “Live And Dangerous”. En este disco hay más agresividad, más técnica… más a volarte la cabeza.


Si algo hemos de lamentar en concreto con este trabajo, es que la banda no se hubiera prolongado en el tiempo con la inclusión de esa sangre nueva que inyectó el dinámico John Sykes. Que esa sangre solo produjera este disco y el magnífico “Thunder & Lightning” es para pararse a pensar en qué hubiera pasado si hubieran grabado más material. Quién sabe a lo que nos hubiéramos enfrentado. Una pena que la repentina muerte de Lynott diera al traste con cualquier esperanza futura.


“Life” acoge en su seno no solo la mayor parte de ese contundente “Thunder & Lightning” (no en vano, su grabó en su mayor parte durante las giras de presentación de ese trabajo), sino quizás las mejores canciones de la historia de Lynott & Cía. El inicial Thunder & Lightning ya nos da una idea de que esto va a ser distinto… muy distinto. Los duelos guitarreros, impresionantes, entre Gorham y Sykes en Waiting For An Alibi, y la agresiva versión de Jailbreak, metalizada hasta las cachas, nos hacen preguntarnos si estamos realmente ante un disco de Thin Lizzy, esa banda que no pocas veces fue clasificada como los “perros verdes” del género. No, amigos, estamos ante una banda de metal, poderosa y contundente como la que más.


El elenco de miembros se ve reforzado con viejas glorias de la formación, como su primer guitarrista, Eric Bell, o los emblemáticos Brian Robertson o Gary Moore, o el pasmado de Snowy White (que, todo hay que decirlo, colabora en una magnífica versión de Renegade), forajidos que ayudaron a convertirse a Lizzy en una leyenda. Y Gorham… pues no, no se arruga para nada ante la insolencia guitarrera de su joven compinche en este disco. Creo que hasta le sirvió para convertirse en mejor guitarrista aún de lo que era.

Intercambiando acertadamente temas de su última época, como Holy War (Diooossss…. que riff y dueto guitarrero !!!), de épocas no tan lejanas, como Hollywood (una versión que palidece ante la original en estudio de “Renegade”), o Angel Of Death (100 % heavy metal), y clásicos como Emerald, The Rocker o Black Rose, el disco no da respiro.


Yo, particularmente, prefiero en este trabajo los “nuevos” temas: Cold Sweat, una de las pocas aportaciones en cuanto a composición de Sykes, con un riff asesino, y una exhibición del rubio ex Tygers Of Pan Tang. The Sun Goes Down, una composición atmosférica donde toma protagonismo el hasta entonces miembro de tapadillo del grupo, el teclista Darren Wharton.

Versión muy eficaz la del tema emblema de la banda The Boys Are Back In Town, y escalofriante, escalofriante de verdad la que hacen de Got To Give It Up, con una intro muy sarcástica de Lynott sobre los peligros del alcohol, y un solo de Sykes que merecería un lugar de honor entre los mejores solos en directo de la historia.


Are You Ready te da una idea de lo distintas que suenan estas canciones clásicas en este directo: un tema rápido y macizo, con poco que ver con la versión original.


En definitiva, unos Lizzy rejuvenecidos y dispuestos a comerse el mundo que, para nuestra desgracia, nos duraron nada y menos. De acuerdo con Lynott llegó un momento en que paró la maquinaria, y pareció apearse, pero estoy seguro que, de haber seguido vivo, con el tiempo, nos hubieran regalado uno o dos trabajos de esos para enmarcar.


Los que améis el legado de los irlandeses, tenéis que amar, por fuerza, este “Life-Live”, toda una despedida a lo grande


Ritchie Moreno



JETHRO TULL

JETHRO TULL “THIS WAS” 1968

Forjados como el acero de las “Midlands” británicas, pero en los clubs londinenses de blues a finales de los sesenta, el escocés Ian Anderson y su banda Jetrho Tull debutaron a lo grande en 1968 con “This Was”. Alejados todavía de la temática “progresiva” que les doctorará en la década siguiente, en su primer trabajo se matriculan como “Honoris Causa” del Rithm & Blues con introdución en el Rock duro, siendo una de las primeras bandas en fundir ambos estilos con aparente claridad.

Queda patente desde el primer tema, “My Sunday Feeling”, inspirado Hard Rock Blues deudor de los primeros Cream en el que no solo la personal voz de Anderson y su flauta son protagonistas; Mick Abrahams nos obsequia con varios solos de guitarra soberbios rematados por la solidez del duo rítmico Cornick/Bunker al bajo y baquetas respectivamente.

La imagen puramente Blues se deja escuchar con más claridad en las dos siguientes canciones: “Some Day the Sun won't shine for you” es Blues del viejo via Jimmy Withespoon a través de John Mayall y sus “Blues Breakers”. Mientras que “Beggar's Farm” toma unos derroteros clásicos dentro de lo que es el sonido típico de los tres primeros discos de Jethro Tull con las locuras varias a las que Anderson somete al oyente con su flauta, instrumento que domina a la perfección y que será un elemento característico en el sonido de la banda.

Más Blues pero de corte “Jazzy” en la menor “Move on alone”, dejando a continuación boquiabierto a más de uno con el tremendo instrumental “Serenade to a Cuckoo” en el que continuan con devaneos alrededor de la música Jazz, en esta ocasión protagonismo absoluto para la flauta y las excelentes guitarras de Mick Abrahams.

A renglón seguido, retorno al sonido Hard Rock como al comienzo del álbum; esta vez se trata de una composición de Ian Anderson y el batería Clive Bunker, este último deja su sello con un sorprendente solo de batería a mitad del tema. Es como el tema anterior un instrumental (“Dharma for one”).

Más Blues en la siguiente canción “It's breaking me up” en la que Anderson abandona momentáneamente la flauta travesera por la armónica. Un tema este por cierto, que inspiraría seguramente a los Led Zeppelin que debutarían a lo grande unos meses más tarde. En el siguiente tema adaptan un tema tradicional grabado con anterioridad por los Cream. Jethro Tull lo llevan a su campo cuadrando un excelente ejercicio de “Proto-Hard Rock” recio y duro en el cual los cuatro músicos se mueven agusto. Se trata de “Cat's Squirrel”, o lo que es lo mismo0, el tercer instrumental del disco. Otro tema que emparenta este primer disco de los Tull y el debut de Led Zeppelin. El solo de Mike Abrahms vuelve a ser de manual.

A continuación “A Song for Jeffrey”, Blues Rock del bueno y uno de los temas destacados de la primera época de la banda. El álbum termina con la anecdótica pieza de cincuenta segundos “Round”.

Hay que destacar que en los últimos diez años el álbum ha sido reeditado en edición normal con tres bonus entre los que destaca el villancico “Christmas Song”, y la edición especial doble “De-Luxe” con remaster del año 2008. En todo caso, un complemento perfecto para un gran debut que todavía no es considerado como tal por una parte importante de fans de la banda, de los fans más progresivos en general.

JETHRO TULL “STAND UP” 1969

Con su segundo disco de 1969, Ian Anderson pega un puñetazo encima de la mesa y se hace con las riendas de los Jethro Tull. Llevará en esta nueva etapa la manija, y será el artífice de todas las canciones e ideas para la banda. La segunda acción del vocalista de Edimburgo, será la contratación del excelente guitarrista Martin Barre, un músico el de Birmingham, mucho más versátil que el saliente Mick Abrahms, que limitaba las ambiciones musicales de Anderson al ser un guitarrista comprometido en exceso con el mundo del Blues Rock. Otra de las novedades con las que contará Jethro Tull es la de David Palmer como director de arreglos orquestales, convirtiéndose en la primera colaboración entre Anderson y Palmer.

El álbum que fue grabado en los “Morgan estudios” de Londres entre Marzo y Mayo del 69,. comienza con “A new day yesterday”, una vibrante mixtura de colores Hard Rockeros en los que tienen cabida el Blues y el Jazz Rock. Martin Barre expone sus armas en punzantes riffs de guitarra, acompañándole casi siempre la armónica, a ratos la flauta, y todo el tiempo la demoledora sección rítmica que suena más conjuntada que en el disco debut aun siendo la misma de aquel.

“Jeffrey go to Leicester square” es una de las primerísimas introducciones de Jethro Tull en el Folk Rock, tan breve como preciosista. El primer gran instrumental de los Tull es “Bouree”. Ian Anderson hace volar sus dedos por la flauta travesera sacando auténtico petroleo de un instrumento sometido a su voluntad tanto en los momentos más alocados, como en los más “Soft” de ambos, hay en este ilustre tema.

La vuelta a la senda de temas de la misma rama familiar de “This was” ocurre en “Back to the family”, entre el Hard Rock y el Blues; un poco más Heavy que la mayoría de temas de aquel disco pero igualmente brillante.

Un pequeño lapso a la música más ruda del cuarteto llega de la mano de “Look into the sun”, una preciosa balada acústica de reminiscencias folklóricas y con unas lineas de guitarra sensacionales de un Marin Barre que empezaba a demostrar que el relevo a las seis cuerdas era para mejor.

Uno de los primeros temas clave de los Tull fue “Nothing is easy”. Un tormentoso corte de Rock progresivo y “Proto-Heavy” repleto de riffs de puro “Freakbeat”, que tan de moda estaba a finales de los sesenta; brutal sección rítimica y un Ian Anderson que saca su genio a paseo tanto a la voz como a la flauta.

Con “Fat man” inician un romance con el Folk Rock de corte juglaresco que cortejarán sin pudor a mediados de los setenta con varios discos excelentes. En la canción hay una gran presencia de mandolinas y efectos percusivos varios. Otra balada acústica es “We used to know”, Jethro Tull continúan con los sonidos limpios de guitarra por parte de Martin Barre, que incurre en elementos “Beat” propios de guitarristas a los que admira como Pete Townshend.

Este segundo disco de la banda, que supera en calidad por muy poco al excelente debut, se cierra con dos temas bien distintos. Por un lado la balada orquestal “Reason for waiting” muestra la cara amable del grupo, mientras la encendida y roquera “For a thousand mothers” nos hace entrever lo que será su siguiente disco “Benefit”.

“Stand up”,ha sido reeditado hace diez años y nuevamente en el terminado 2010. Para fans y completístas, esta nueva edición es de obligada compra, ya que recoge diez temas grabados en directo en suelo americano durante la gira de “Benefit” en 1970, con un sonido realmente bueno.

 

JETHRO TULL “BENEFIT” 1970

 

La entrada de Jethro Tull en la década más prolífica para el Rock progresivo y sinfónico no pudo ser mejor. 1970 es un año en el que descubren al público americano al que encandilarán con su original puesta en escena y como no, con un repertorio estupendo y una magistral banda en directo. Lo demostrarán con bandas de diferente pelaje (Led Zeppelin, Creedence Clairwater Revival, Grand Funk Railroad o MC5)

Así que “Benefit” se convertirá en el mejor trabajo de Jethro Tull editado hasta la fecha; es el más completo de los tres primeros y en el que mejor suenan las ideas plasmadas por Ian Anderson, que por segunda vez consecutiva compone todo el material del disco. Otra de las cosas que beneficiará a la banda y al sonido de “Benefit” es la entrada del teclista John Evan, que participará como invitado y no formará parte de la banda en si hasta el siguiente disco “Aqualung”. Todas estas circunstancias, más la continuidad de David Palmer como arreglista de la banda, acaban dejando en minoría a la parte “Blussy” de los Tull, que todavía estaba representada por el bajista Cornick y el batería Palmer a los que cada vez les quedaba menos margen de maniobra dentro del grupo, pese a ello realizarán nuevamente un gran trabajo.

El disco se inicia con dos temas que tienen cierta similitud: “With you there to help me” y “Nothing to say” pese a ser dos temas bastante dulces de guitarras acústicas, se aprecian en ambos un acercamiento al Rock Progresivo tanto en solos de guitarra como de melodías vocales e instrumentales. En “Alive and well living in” prefieren decantarse por el Rock Duro y el “Prog”, con sensacionales pasajes acústicos y eléctricos, que llaman la atención por los potentes riffs de Barre y el vistoso y colorista piano de John Evan.

En “Son” practican un Hard Rock de hirientes riffs guitarreros y melodías evocadoras de los mismísimos Beatles. “For Michael Collins, Jeffrey & Me” es un medio tiempo campestre de corte Folk irlandés encumbrado por unas preciosas guitarras acústicas.

Con la llegada de “To cry you a song” y “A time for everithing” disfrutamos de dos cortes Hard Rockeros y Progresivos en los que todo suena de fábula. La base rítmica hace un trabajo excepcional en ambas, pero es Martin Barre el que sobresale por encima de sus compañeros, extrayendo de su guitarra toda clase de magistrales sonidos.

La influencia de la música americana de la “Costa- Oeste” como otras, se aprecia en “Inside”, con un “Chorus” muy “Creedence Clairwater Revival”. Otra buena canción con pinceladas de Rock Ácido.

Directamente percusora de lo que escucharemos en su siguiente disco, Jethro Tull nos regalan “Play in time”. El Rock Duro que emana de las guitarras de Martin Barre, y el teclado de John Evan no tienen nada que envidiar, a la salvaje propuesta de los Deep Purple del momento. La flauta característica y la voz de agricultor de Anderson, son la cuña de identidad que imprime ese carácter único que tienen los Jetrho Tull; mientras que “Sorisity, youre a woman” cierra bellísimamente en forma de balada Folk Rock, un tercer disco que está muy cerca del sobresaliente.

 

JETHRO TULL “AQUALUNG” 1971

 

Controvertido, polémico e irresistible de principio a fin. Así es el cuarto disco de los Jethro Tull, “Aqualung”. Conceptual, aunque no del todo según el mismo Ian Anderson, el disco está dividido en dos partes ( “Aqualung” y “My God) que titulan y abren cada una de las caras del álbum.

“Aqualung” es la historia de un mendigo pederasta, pero a su alrededor, hay un buen puñado de relatos que retratan a gente marginal, y un trasfondo religioso que trajo algún que otro quebradero de cabeza a la banda en unos cuantos países, de hecho, en España no se publicó hasta 1976.

Repasando el disco de principio a fin, nos encontraremos con Hard Rock y Rock Progresivo, tan equilibrado, como el pulso que mantienen lo acústico y eléctrico desde que “Aqualung” enfila su primera estrofa.

El tema abre con un riff de Martin Barre que se ha convertido en un clásico de la historia del Rock. Rápidamente contesta un agresivo y misterioso Anderson y el resto del grupo al unísono y con contundencia. Es por cierto este tema, la tarjeta de presentación de Jeffrey Hammond Hammond, nuevo bajista y amigo de la infancia de Anderson. El tema se trasforma en acústico a la mitad del mismo con una sorprendente y hermosa melodía y va mutando entre grandes solos de Martin Barre y más acústicas, hasta el “Grand Finale” con la repetición Hard rockera del inicio ¡Sublime!

Tras este fulgurante inicio el nivel se mantiene con “Cross Eyed Mary”, la historia de una prostituta menor de edad contada y cantada con un barroquismo generalizado. El inicio vuelve a ser misterioso merced a la flauta de Anderson, luego el tema se va acercando al Hard Rock furioso con varios momentos desatados por parte de Martin Barre, John Evan al piano e Ian Anderson a la flauta ¡Brillante!

“Cheap Day Return” es otra pieza corta acústica para relajar nuestros sentidos antes de la genial “Mother Goose”. Este corte , es uno de los más hermosos de Jethro Tull y por ende del álbum. Folk Rock tradicional tratado con delicadeza y con unos arreglos exquisitos, la estructura melódica es muy emocionante ¡Preciosa!

“Won'd Ring Alone” es la tercera canción acústica consecutiva de la banda en este disco, y el “Canapé” perfecto antes del cierre de la primera cara, “Up to Me”. Una tonada de corte burlón encarnado en Ian Anderson, nos vuelve a mostrar las dos caras de la moneda “Tulliana” por una parte la sencilla y acústica, y por la otra la dura y rockera, todo ello envuelto en una melodía extravagante en la que vuelven a destacar la flauta de Anderson y el piano de John Evan.

La cara “B” comienza con la cotrovertida “God”. Acústicas y la misteriosa voz de Anderson irrumpen antes de la tormenta eléctrica de Barre con un fiero riff de guitarra Heavy rockero y la sección rítmica de Hammond y Buncker. A lo largo del tema se suceden los excelentes solos de guitarra de Barre y los “Maratones” de Anderson y su flauta, que en este trabajo alcanzan un nivel altísimo ¡Brutal!

Lejos de decaer el asunto las emociones aumentan con la rockanrolera “Hymn 43”. El piano y la flauta planean igual de bien que las guitarras de Barre que firma riffs sensacionales ¡Temazo!

Otro interludio de paz acústica es “Slipstream”, en la cual John Evan y David Palmer recrean varias atmósferas de libro con la guitarra sonando de fondo; hasta convierte en “Locomotive Breathe”. Este es otro de los himnos del disco y de la discografía de Jethro Tull y tiene las mismas virtudes musicales que otros temas de “Aqualung” ¡Enorme!

“Wind Up” es la bajada de telón perfecta para “Aqualung”. Un tema Progresivo/Sinfónico que se convierte en Rock Duro en el momento que Martin Barre presenta armas y ataca el riff de la canción. Lo mejor de la música de los Tull se da cita en “Wind Up”, que es simple y llanamente genial.

No se si “Aqualung” es el mejor disco de Jethro Tull, pero sin duda que está entre los tres mejores y entre los tres favoritos de sus fans.

 

JETHRO TULL “THICK AS A BRICK” 1972
 

El agricultor Jethro Tull sembró con “Aqualung”, una semilla que acabaría germinando en los dos primeros álbumes conceptuales de la banda. El primero en desarrollarse fue “Thick As a Brick”, árbol mucho más robusto que su hermano menor “A Passion Play”, y con una fruta apreciada especialmente por la crítica de la época, que no escatimó a la hora de elogiar al quinto disco de la banda, pese a su arriesgada propuesta, una única canción separada por cada cara; adelantándose a otros ilustres del Rock Progresivo como Yes o Genesis, e incluso parodiándoles. Ian Anderson decidió grabar un disco de esas características como respuesta a la crítica que había catalogado de conceputal a “Aqualung”.

“Thick As a Brick” es un disco complejo, pero muy rico y variado, siendo imposible dejar de prestar atención a lo largo de los veintidós minutos cuarenta segundos de una cara, y los veintiuno con cinco segundos de la otra. Los cambios de ritmo se suceden desde el comienzo, y no hay respiro para el oyente, convirtiéndose en uno de los trabajos más dinámicos y entretenidos de su época pese a lo arriesgado de su propuesta.

Los arreglos corren a cargo nuevamente de David Palmer alcanzando el sobresaliente, y los músicos plasman su mejor trabajo para Jethro Tull desde sus respectivas llegadas. Posiblemente es uno de los discos mejor cantados por Ian Anderson que realiza una labor genial con su flauta. Otro que lo borda y de que manera, es Martin Barre, genio y figura de las guitarras eléctricas y acústicas, amo de los riffs y señor de los arpegios más logrados de Jethro Tull con su trabajo en este disco.

No hay duda de que “Thick As a Brick” pertenece al club selecto del Rock Progresivo que encabezan obras maestras como “Close to the Edge”, “Foxtrot” o “Tarkus”.

Si comentabamos que Martin Barre e Ian Anderson realizaban su mejor trabajo hasta la fecha, no podemos sino rendirnos ante el dominio que ejerce Mike Evans sobre el teclado, la elegancia y fuerza del bajista Jeffrey Hammond Hammond, a los que hay que añadir un granito de arena más con la irrupción del batería Barriemore Barlow (Otro amigo de la juventud de Anderson), la pieza que faltaba en el puzzle, y que es considerado como el mejor batería de la historia de Jethro Tull.

No podemos cerrar esta crónica de “Thick As a Brick” sin nombrar su portada, una de las clásicas de su tiempo. La verdad es que al ser editado en cd ha perdido toda su magia, pero el vinilo sigue siendo una pasada gracias a la cubierta delantera y trasera, en las que se imita la portada y contraportada de un periódico. Una forma más de mostrar que en los setenta las buenas ideas iban más allá de las meramente musicales.

 

JETHRO TULL “A PASSION PLAY” 1973
 

“A Passion Play” es el disco más retorcido musicalmente hablando de la extensa discografía de Jethro Tull. Se trata del segundo disco “conceptual” de la banda, y todo lo plasmado en el anterior y sobresaliente “Thick As a Brick”, es llevado en “A Passion Play” más allá dentro del Rock Progresivo, alcanzando cotas de sonoridad dentro del género, que acabarían siendo un lastre para el propio grupo.

De todas maneras, “A Passion Play” no es un mal disco, todo lo contrario, pero recibió críticas destructivas sobretodo en el Reino Unido, donde fracasó estrepitosamente. En cambio en los Estados Unidos, funcionó relativamente bien, e incluso la crítica fue benévola en comparación con sus colegas europeos.

El álbum, al igual que “Thick As a Brick”, está compuesto por dos temas que vuelven a ocupar cada una de las dos caras. Son dos temas super trabajados pero más difíciles de digerir que los registrados en su anterior disco. Aún así, es imposible no babear ante la versatilidad que muestra la banda en ambos temas.

La cara “A” trascurre con tranquilidad hasta su mitad, en el minuto doce la música se torna rápida y más dinámica, hasta su muerte a los 21 minutos. La cara “B” comienza con el diálogo humorístico “La Liebre que perdió sus gafas”, el cual fue ridiculizado por la crítica de la época. A partir de los cuatro minutos el disco regresa a la misma tónica del comienzo del álbum, entrelazando partes vocales, y largas pausas instrumentales, en las cuales la banda hace gala de todo su virtuosísmo.

Sinceramente, después de haber disfrutado de “A Passion Play” tantas veces, cuesta creer como la critica se cebó de manera tan agría con este disco, solo por el trabajo de John Evan al piano y los teclados, merece un respeto grande este redondo.

“A Passion Play”, está presentado sobre el papel como una obra teatral con varios actos. El argumento gira en torno a la vida, muerte, viaje al purgatorio y a los infiernos con juicio incluido, y la posterior resurrección de un individuo. Fue grabado y lanzado al mercado en 1973, siendo el disco número siete de la banda si contamos el recopilatorio de singles “Living in the Past”.

 

JETHRO TULL “WARCHILD” 1974
 

Después de la agotadora y costosa gira de “A Passion Play” por suelo americano y tras comprobar que las críticas habían machacado el disco, Ian Anderson propone otra vuelta de tuerca para Jethro Tull. La banda se desprende del envoltorio “Conceptual”, y regresa con “Warchild” a la senda de temas anteriores a los tiempos de “Thick Is a Brick”.

El trabajo es mucho más directo que los dos anteriores, pero sigue poseyendo un trasfondo teatral para cada nuevo tema del disco. La única característica similar entre “A Passion Play” y “Warchild” es la utilización del saxofón en varios temas. En los tres primeros concretamente, después, cada tema es un mundo dentro de sí.

“Warchild” empieza con sirenas de bombardeo aéreo, y pronto asistiremos a la batalla entre las guitarras, una vez más conducidas por Martin Barre y el saxofón del que se encarga Ian Anderson. El tema que es muy “Tulliano”, evoca en el sonido de el instrumento de viento a King Crimson, o al menos esa percepción tengo yo. Desde luego, es un tema brillante para enganchar al oyente a la primera de cambio.

“Queen & Country” y “Ladies” siguen con instrumentos de viento, pero ambas se desarrollan de una forma diferente. En la primera, aparte de los riffs de Barre se escuchan con claridad otros instrumentos que le dan un toque de frescura al tema, como el acordeón, del que se encarga John Evan. En la segunda, vuelva la flauta travesera para acompañar una fina tonada acústica de corte Folk, que en el último medio minuto adopta un tiempo de puro Rock And Roll.

“Backdoor Angels” es un tema de Rock Progresivo en toda regla, con varios solos magníficos de guitarra y genialidades varias del resto del grupo (teclado de John Evan, batería de Barlow...)

Si bueno era ese tema, mejor es el siguiente “Sealion”. Otra muestra del genio y poderío de Jethro Tull. Una canción épica al cien por cien, repartido entre el Progresivo y el Rock Duro. Estrofas firmes y contundentes, eléctricas y acústicas a las que se le añaden la original melodía vocal de Ian Anderson.

Otra canción espectacular es “Skating Away on the Thin Ice of the New Day”, Folk Rock juglaresco que se adelanta de nuevo a lo que grabarán tres años después. El estribillo de la canción es sencillamente delicioso.

“Buggle in the Jungle” y “Only Solitaire” están un escalón por debajo de las tres anteriores, pero se trata de dos buenas canciones, más rockero la primera y Folk la segunda.

“The Third Hoorah” parece una parte sobrante de “A Passion Play” encorsetada en “Warchild” como un tema corto. Es bastante rimbombante y de corte gaélico, con abundantes teclados simulando el sonido de gaitas en varias fases de la canción.

Para acabar , “Two Fingers”, otro estupendo tema rockero en el que destacan los potentes riffs de Martin Barre, el órgano de John Evan simulando un acordeón, y las originales melodías vocales de Anderson.

Hay que comentar para terminar, que a lo largo de todo el disco los arreglos orquestales de David Palmer son constantes, dando más brillantez si cabe a unas canciones ya enormes de por si, y que ganan gracias a la aportación del sexto miembro de Jethro Tull.

 

JETHRO TULL “MINSTREL IN THE GALLERY” 1975

 

El disco en el cual Ian Anderson lleva sus cantos de juglar un paso más allá. Ambientado en una época de señores y vasallos, "Minstrel In The Gallery" es uno de los discos saludados con más gracia por los incondicionales de la banda. Y ciertamente que "Aqualung", "Thick Is A Brick" o "Songs From The Wood" se me ocurren a la hora de pensar en trabajos que puedan hacer sombra a este genial disco, pero ni por esas...

Y es que como si de un cuento de esos de "Once Upon A Time"...empieza el primer tema "Minstrel In The Gallery". Con Ian Anderson haciendo acto de presencia a lo trobador y a capela. A continuación entra el resto de la banda marcándose un Rock Duro Progresivo cardiaco con los riffs y punteos de Martin Barre por delante de la acorazada base rítmica que vuelven a formar Jeffrey Hammond Hammond al bajo y "Super" Barriemore Barlow" a la batería. Por supuesto que acompañado a las melodías vocales, y flauta marca de la casa, Ian Anderson.

A renglón seguido "Cold Wind To Valhalla". En un principio la propuesta del tema se presenta a modo de ese "Folk Rock" que campeará a sus anchas por los surcos de "Songs From The Wood" un par de años más tarde, pero el tema camina finalmente por derroteros ciertamente rockeros, con una instrumentación recia y una linea vocal de Anderson muy original.

"Black Satin Dancer" es un tema conducido por David Palmer. Es el primero del álbum donde los arreglos orquestales van delante del resto de los instrumentos, por lo menos hasta la mitad del mismo. Más adelante los riffs de Martin Barre y la flauta travesera de Ian Anderson le igualarán la partida, para finalizar juntos en una hermosa eclosión sinfónica.

Dicen las malas lenguas que Ian Anderson llegó a la grabación de este disco bastante quemado psicológicamente, algo que afectaría a algunas de las composiciones del álbum. Quizás la melancólica y hermosa "Requiem" o la no menos tristona "One White Duck/Nothing At All" fueran compuestas bajo un manto grisáceo en la mente del genio escocés que beneficiaría a las dos canciones, ambas magistrales.

Este disco, como no podía ser de otra manera, posee su "Suite" particular. "Baker St. Muse", dividida en cuatro partes en las que la banda se muestra ciertamente rockera. Martin Barre hace gala de su mejor repertoria eléctrico y acústico. John Evan se destapa exquisito al teclado y Ian Anderson locuaz al máximo con esa lírica tan expresiva, y también épica, de su voz y flauta, con sus virulentos ataques vocales e instrumentales.

De todas todas, "Minstrel In The Gallery" es una nueva obra maestra para paladares exquisitos.

 

 JETHRO TULL

“TOO OLD TO ROCK N ROLL: TOO YOUNG TO DIE” (1976)

Publicado en 1976, "Too Old To Rock N Roll: Too Young To Die" es posiblemente uno de los discos menos recordados de Jethro Tull. Pocas canciones han permanecido fijas en el repertorio de la banda y tampoco ayudó mucho quedar emparedado entre "Minstrel In The Gallery" y "Songs From The Wood".

La portada vuelve a mostrar a Ian Anderson, o al menos a un personaje que se le parece. En este caso es un rockero que hasta los huevos de su vida de “Rock Star” venida a menos, se estrella con su motocicleta buscando el suicidio y lo que encuentra es una larga estancia en un hospital, donde será testigo de como el paso del tiempo ha castigado no solo a su aspecto físico, sinó también a su música. La versión vinilo contaba esta historia a través de un comic que venía en él, razón por la que muchos críticos de los setenta tildaron el álbum como un nuevo trabajo conceptual.

Aunque puede que eso sea cierto, la naturaleza del disco trascurre completamente ajena a los discos concepto que Tull habían publicado hasta la fecha, siendo un trabajo similar, en cuanto a estructura, que no en calidad, a "Warchild, el cual supera a este trabajo con creces.

Por lo tanto, el Rock progresivo en este disco capitula claramente ante una música simplemente rockera en unos casos, más folk en otros, e incluso volviendo al Blues rock de sus primeros años.

La linea conceptual alejada en parte en lo musical, vuelve en el primer tema del disco. “Qizz Kidd” despierta con la misma melodía triste del tema que de título al álbum pero virando al rock duro que la banda muestra en casi todos sus discos. La particular voz de Anderson se intercala con su propia flauta y con los riffs punzantes del hacha Martin Barre, logrando un entretenido comienzo de disco.

Dos buenos temas se suman a continuación. Del primero, “Crazed Institution” destacan sus melodías cercanas al folk, con una importante carga orquestal de David Palmer . El segundo, “Salamander” tiene un perfil alto de tema Country, obviamente con lo que Anderson entiende como tal. Es una hermosa canción acústica que no supera los tres minutos donde flauta y guitarras acústicas hacen las delicias del oyente. De los mejores temas del álbum.

Antes comentaba por encima que en este disco las huestes de John Anderson volvían a los tiempos del Blues Rock que hizo grandes a CREAM y que a ellos tanto les influyó en sus dos primeros trabajos. “Taxi Grab” reconquista, en parte, esa esencia del pasado con un Blues guitarrero donde la flauta es substituida por la armónica. Un buen tema, que no de los mejores de su discografía.

Más apesadumbrado suena el tema “From a Dead Beat To Old Greaser”. David Palmer y su orquesta se encargan de ponerte un nudo en la garganta. Tampoco ayuda la melancólica melodía vocal de Ian Anderson así como la utilización de saxofones u otros instrumentos de viento y cuerda.No es de los temas populares de Jehtro Tull, pero es un buen tema que pone de manifiesto el estado de pesimismo en el que se encuentra Anderson, y que le llevó a tejer la historia del disco que también plasmaría en el comic del mismo.

Un tema que nunca me ha dicho prácticamente nada es el acústico "Bad-Eyed 'N' Loveless". Oscuro y soso como pocos. La cosa no mejora demasiado con “Big Dipper” (“La Osa Menor”), un rock and roll aburrido al que no salva ni su pegadizo estribillo.

Y por fin el tema sobre el que gira el álbum y que le da título. Aunque el título promete emociones fuertes se trata de una canción bastante tranquila y con un ambiente enrarecido por los aires melancólicos que David Palmer ejecuta. Al final, y sin cambiar de melodía, la canción se acelera considerablemente. Es una de o mejores temas del disco.

Volviendo a lo flojo...”Pied Piper”. Quizás el “Flautista de Hamelín” se merecía un homenaje mejor de su “Alter-ego” moderno. Y finalmente “The Chequered Flag (Dead or Alive)", otro tema repleto de pesadumbre que tampoco, siendo sinceros, es una maravilla.

Por lo tanto, “Too Old to Rock 'n' Roll: Too Young to Die!” es un disco que deja dispares sensaciones tras ser escuchado. Posiblemente fallido, pero con algunas canciones que dejan sensaciones del genio que las compuso. Casi seguro que estamos ante el peor trabajo publicado por la banda en los años setenta.

 

JETHRO TULL “SONGS FROM THE WOOD” 1977

 

Después de del poco satisfactorio en general, “Too Old To RNR, Too Young To Die!” Ian Anderson cambia los ruidos y el ajetreo de la capital inglesa por su agradable y verde campiña. Los alrededores repletos de imagenes bucólicas serán el punto principal para el próximo trabajo de Anderson y los Tull: “Songs From The Wood”.

Si bien en pasados trabajos la banda había flirteado con el “Folk-Rock”, será en este nuevo disco donde Anderson se desate y de rienda suelta a todas sus inquietudes basadas en el folklore británico, del cual era profundamente conocedor, plasmando leyendas populares y cuentos varios en las canciones del album.

Un album dicho sea de paso, que encierra un ambiente frio en invernal, incluso navideño. Aunque Jethro Tull no se desligan del “Rock Progresivo” que les hizo populares en esa década gracias a “Aqualung”, “Thick Is A Brick” o “Minstrel In The Galeery”. Pero si bien el primero y el tercero aunaban “Prog-Rock” con Rock Duro, y el segundo es un monolito progresivo, “Songs From The Wood” será el disco de la unión maestra y definitiva del “Prog” y el “Folk”, una música esta de la que Anderson siempre ha sido un ferviente admirador.

Dentro de las canciones que aunan los dos estilos predominantes en este disco destacan: “Songs From The Wood”, el tema inicial, hímnico como muchos de los temas estrellas de Jethro Tull en su aventura setentera. Con un inicio campestre y a capela, la canción contiene suficientes matices musicales y alternativas, aunque se decanta por momentos rockeros con bastante protagonismo de la guitarra de Martin Barre y la flauta de Anderson.

Estrictamente progresivo y con una agresiva base ritmica y guitarrera, es la barroca e intensa “Hunting Girl”, donde vuelve a galgar Martin Barre como un podenco tras una liebre por el bosque “Tulliano”.

Otro tema con cierto abolengo es “Pibroch (Cap In A Hand)”, más historias sobre bosques y valles perfectamente ensambladas a los riffs de Barre y flauta de Anderson, aunque parte del protagonismo recae en los teclados de John Evan y David Palmer.

Del lado más “Folk” destacaría la fabulosa “Jack-In-The-Green”, en la que Anderson canta y se hace acompañar unicamente por su flauta y una guitarra acústica también tocada por él.

“The Whistler” es otro de los grandes temas “Folk-Rock” del disco. En esta ocasión no solamente hay sitio para la voz, flauta y guitarra acústica de Anderson; el resto del combo hace un brillante seguimiento de la flauta mágica de Anderson, que luce en varios momentos como en las mejores ocasiones.

La última canción que destacaría de este buen disco es “Velvet Green”. Un tema primaveral y juglaresco que se da un chapuzón al son de mandolinas, guitarras acústicas, campanas y como no podía ser de otra manera, flautas y la voz del majadero escocés Ian Anderson.

Aún habría otra incursión más dentro del “Folk- Rock” para Jethro Tull en el siguiente “Heavy Horses”, pero está por debajo un par de escalones de este excelente por momentos “Songs From The Wood”

Caído en Little Big Horn

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