DISCOGRAFÍAS RECOMENDADAS 80s, 90s, 00s..

THE CULT

THE CULT "Dreamtine" (1984)

Después de un primer EP homónimo como Death Cult en 1984, The Cult editan este “Dreamtime” ya con esta versión recortada y definitiva del nombre. Un disco aun alejado de lo que la banda nos ofrecería solo unos años después, donde predomina el gothic-rock con algunos elementos psicodélicos y que a día de hoy no es de los más recordados por su fans, al menos no por los más rockeros, pese a contar con temas como el hoy clásico Spirit Walker


El disco se abre de forma brillante con un tema que ya apareció el mencionado EP de debut, Horse Nation, el cual cuenta con unas guitarras afiladas por parte de Duffy y la voz penetrante de Atsbury. Este tema, junto con el siguiente, Spirit Walker, es de lo mejor del disco. Pese a que este útmimo va por derroteros más góticos, en ambos ya hay alguna pequeña muestra de lo que vendría solo unos pocos años después.


Más lenta y psicodélica es 83rd Dream, como también lo es Butterflies donde los que más destaque quizás sean las guitarras de Duffy. Y a partir de aquí entramos en una fase donde parece que la banda mute hacia cualquier banda de gothic-rock de la época.


Para mi gusto, la banda pierde fuelle con Go West , Gimmick y A Flower in the Desert para levantar un poco la cabeza com el tema que da título al disco, Drematime, algo más enérgico. A continuación, Rider in the Snow parece que va a seguir por ese camino algo más musculado pero acaba siendo un tema algo insulso y anodino, antes de llegar a la balada gótica, Bad Medecine Waltz, que fin a un disco un tanto irregular de una banda que ya apuntaba maneras.


Òscar “Zep” Herrera


THE CULT "Love" (1985)

Después del cambio de nombre de Death Cult a simplemente The Cult y un disco de debut plenamente enmarcado dentro de lo que podríamos llamar gothic rock, en 1985 la banda publica “Love”. Un disco que, con la perpectiva que da el tiempo, me atrevería a decir que incluye ya muchos de los signos característicos de la banda que se han mantenido a lo largo de todos estos años.


Previo a su etapa netamente hard rock de finales de los ochenta y primeros noventa, “Love” es el punto medio entre los orígens goth y el rock duro posterior. De hecho, en “Love” podemos apreciar ya en muchos temas algunos de los riffs machacones tan propios Billy Duffy acompañados por la siempre inconfundible voz intensa de Atbsury.


“Nirvana” y “Big Neon Glitter” son los dos temas que abren este trabajo. Temas que ya hubieran querido para si los ibéricos Héroes del Silencio, a los cuales me imagino a mediados de los ochenta escuchando este vinilo e intentando aprendérselo de memoria.


El tema título, “Love” empieza a ofrecernos ya más abiertamente un toque algo más Zeppelin, algo que corregido y aumentado se convertirá a finales de los noventa en santo y seña de la banda.


“Brother Wolf, Sister Moon” es un tema acústico y melódico. Podríamos decir que es la balada del disco, donde destaca la voz sensual de Atsbury.


“Rain”es un tema mucho más animado y uno desde entonces uno de los habituales en el repertorio de The Cult. tema emblemático de la banda, que recoge perfectamente el espíritu de este disco. A medio camino entre el rock gótico y el hard rock.


“Phoenix” tiene un aire más psicodélico. El sondio de finales de los sesenta revisitados a mediados de los ochenta y “Hollow Man” suena a puro gothic rock de la época, tal como sonaban por aquel entonces bandas como Sisters of Mercy.


“Revolution" es un medio tiempo con un estribillo reiterativo que da pie a uno de los mejores temas de la banda de todas sus épocas, “She Sells Sanctuary”, tema básico también en culaquiera de sus conciertos. Pura energía rockera con mucho feeling y sensualidad.


Y para finalizar, la voz susurante de Atsbury nos adentra en un tema lento e introspectivo de nombre “Black Angel”.


En definitiva, un disco de confirmación de una banda que pronto se decantaría por sonidos más duros y más alejados de lo “gótico” y que aquí nos da ya plenas muestras de ser una de las bandas más interesantes del momento.


En cuanto a la producción destacar que es un tanto austera y con una batería muy pobre, la cual parece un mero elemento de acompañamiento. La verdad es que la banda nunca ha tenido mucho éxito en cuanto a consolidar su base rítmica, pero me imagino que con los egos de Atsbury y Duffy quedaba ya muy poco espacio para cualquier otro protagonismo. Solo en la época más hardrockera de finales de los ochenta-primeros noventa, Matt Sorum les pudo hacer algo de sombra desde las baquetas.


En cualquier caso, “Love” es un disco imprescindible para entender la carrera de los británicos The Cult.



Òscar “Zep” Herrera


THE CULT "Electric" (1987)

Confieso que no me fié ni un pelo cuando vi este disco en las estanterías por primera vez… ¿The Cult? ¿Estos tíos vestidos de cuero, con cinturones de balas y aspecto de duros hard-rockeros, son los mismos de “Love”? ¿Otros que se apuntan al carro a ver si suena la flauta? ¿Rick Rubin a los mandos? Uuuuuummmmm…. era sospechoso cuando menos.


Pero me arriesgué, y cuando la aguja empezó a desgranar los sincopados acedecedianos acordes de “Wild Flower”, empecé a pensar que ésto no era ninguna broma… y cuando entró esa batería, absolutamente simple pero absolutamente contundente, las dudas empezaron a despejarse del todo. Pensé: “Dioooooossss, que no sea el típico disco con un tema para engancharte y el resto una colada de relleno….”.


“Peace Dog” aumentó mi confianza. Duffy y su riff monumental, en un tema aún más hard que el anterior, nos confirma que esta gente también ha mamado de fuentes mucho más rockeras de lo que nos imaginábamos. El único pero, si es que se puede poner alguno, son esos coros que deslucen el quizá mejor solo de guitarra del disco.

El disco empieza a ser una oda al macarrismo más absoluto.


Y llega “Lil’ Devil”. Un tema casi perfecto: sin perder un ápice de fuerza con respecto a los anteriores, se nos muestra una canción comercial, pegadiza, ideal para las FM americanas mientras conducimos nuestra Harley o nuestro Chevrolet Camaro. Que no pare, por favor, que no pare ésto….


Y no para. El siguiente puñetazo es, a mi juicio, uno de los mejores números del disco: el impresionante “Aphrodisiac Jacket”. Con Astbury y su repertorio de alaridos y gritos campando a sus anchas. Con Duffy haciendo de las suyas también con otro riff para enmarcar, y otro solo, como los del resto del disco, corto, corto, pero contundente. Y la pegada de un tal Les Warner (por cierto… ¿qué habrá sido de este hombre?), eficacísima y perfecta para un disco como éste…. sin floritutas… solo pegada.


En “Electric Ocean”, y aún noqueados por la demostración de fuerza anterior, rebajamos un poco el voltaje. Ojo… que no es un tema que nos relaje precisamente, volvemos a recordar a los hermanos Young en su versión más Scott, aunque los dichosos coros nos sigan rechinando un poco.


Con la velocidad de “Bad Fun” vuelven las ganas de coger la moto y largarnos hasta donde dé el depósito…. la sección rítmica de Stewart y Warner toma aquí el mando, y deja a Duffy más liberado para hacer de las suyas con la solista.


La segunda cara…. ah, perdón… estaba pensando en esos buenos tiempos donde el vinilo gobernaba el mundo…. empezaba con “King Contrary Man”, un tema canalla y tabernero, que sirve de perfecto preámbulo para el numerazo del disco… el que no mueva el culo con “Love Removal Machine”, señoras y señores, está muerto. Muerto y enterrado. Una de esas canciones que te anima el día. En serio… igual que empiezas el día con un buen tazón de lo que sea, que lo amenice un artefacto como éste, te da la batería necesaria para comerse al que sea. Las cosas no se ven igual después de haberte metido esta dosis en forma de riff perfecto. Y… ¿qué me dicen de la apoteosis final, con el tema absolutamente desbocado, Duffy soltando notas a diestro y siniestro, Astbury chillando como un poseso… ? No hay palabras, amigos, descubranlo (si no lo han hecho ya) por sí mismos.


Nos levantamos del suelo, después de habernos revolcado un rato con el numerazo anterior, y nos encontramos con un clásico. El particular homenaje de los ingleses a Steppenwolf, ese grupo que, sin ser de los grandes, acuñó en su día el término “heavy metal” con este “Born To Be Wild”. He de confesaros que tengo una especial manía a esta canción. Las pocas, poquísimas veces que me he dejado caer por esos engendros de local llamados “karaokes” (supongo que absolutamente borracho,… si no, de qué, moreno…) siempre ha habido algún retrasado mental destrozando la canción. Esta versión de The Cult, afortunadamente, me reconcilia con ella.


“Outlaw” nos golpea cerca del final del disco, como si un desfile de Hell Angels estuviera cruzando el salón de tu casa. Es, efectivamente, un tema perfecto para “outlaws”.


Y, amigos, el final llega con “Memphis Hip Shake”, que no es precisamente el mejor tema del disco, pero que tampoco le pierde la cara a todas las demostraciones de fuerza anteriores.


Señores… la vida no fue lo mismo después de haber oído este pepinazo. Adiós (aunque solo fuera de momento) a los Cult refinados, con tantas reminiscencias ochenta, y cercanos al pop o al gótico. A partir de ese momento, nos descubrimos ante dos pesos pesados del hard rock como son el tándem Duffy-Astbury. Y esto no había hecho sino empezar. Lo que seguiría después, esa otra obra de arte que es “Sonic Temple”, nos devolvería el puñetazo multiplicado por diez. Lástima que, a partir de ahí, se parara la progresión (recuperada levemente con “Beyond Good And Evil”, para mí, el cenit de esta gente), para caer ya en experimentos que mejor podrían haber hecho con gaseosa.


De todas formas, y aunque solo sea por este trabajo que este humilde servidor se atreve a comentar, Astbury y Duffy ya tienen su palco de honor en el Infierno.



“Ritchie” Moreno


THE CULT "Sonic Temple" (1989)

De cuando Astbury y Duffy decidieron darse una vuelta por el desierto, y comprobar cuan inspirador puede ser el polvo y la arena.


Porque árido, señoras y señores, es este trabajo. Un disco que se te mete en el cerebro como la arena en las fosas nasales en un tormenta.


Después de ese golpe de efecto que supuso “Electric”, donde abandonaron su estilo semi gótico y siniestro, para adentrarse, de lleno y de boca, en territorios más propios de unos AC/DC que de unos Mission o Sisters Of Mercy. Un chasco para unos, y una agradable, más que agradable sorpresa para otros, entre los que me encuentro.


No obstante, y debido al carácter eternamente cambiante de esta banda, muchos nos preguntábamos: y después de esta patada en la boca…. qué ¿?? Con qué nos van a salir esta vez ¿??


Pues con un álbum que, si no es el mejor de su carrera… le pega en el poste. Un conglomerado y aglomerado de rock’n’roll sucio, descarnado, y crudo. Un disco que rinde homenaje a las guitarras más desbocadas, y a los riffs más eficaces que uno pueda imaginar. Un Duffy en absoluto estado de gracia, y un compinche, Astbury, que se hace dueño y señor del aullido.


Los dos temas que abren el disco, “Sun King” y “Fire Woman”, son de manual, amigos. De cómo abrir un disco y decir… basta, si se acaba aquí, no importa. Ha valido la pena el gasto. Fulminantes, si… pero con ese regustillo inconfundible de los discos de The Cult. Han tocado casi todos los palillos pero, los que les seguimos desde hace años, sabemos reconocer inmediatamente ese deje inimitable, debajo de los riffs y de las tormentas sónicas. Ahí están The Cult.


Regusto desértico para los dos descomunales primeros temas… y el resto ¿? Pues una de las mejores canciones que hayan grabado nunca estos tipos (y que les funcionó de maravilla en círculos más comerciales), como “Edie (Ciao Baby)”… un tema monolítico y oxidado como “Sweet Soul Sister”… una patada en el trasero como la frenética “New York City” donde, en los coros, se esconde la voz de esa bestia parda que es Iggy Pop. La impronta de esta canción la podría haber firmado, tranquilamente, el de Detroit.


Yo, particularmente, me quedo con la primera parte del disco. Las cinco primeras canciones son de un nivel difícil de encontrar en los posteriores trabajos del grupo, si exceptuamos, y esto es una opinión personal mía, ese metalero “Beyond Good And Evil”.


Mención aparte para la portada del disco, una maravilla. Con Duffy atacando su Les Paul negra como si de Pete Townshend se tratara, sobre un fondo en el que adivinamos al salvaje de Astbury moviendo su espesa cabellera al viento. En la contraportada, una imagen de su bajista, Jamie Stewart, en el que sería su última colaboración con la banda. 


A los parches, un ilustre mercenario, Mickey Curry, más conocido por su eficaz golpeo en discos de Bryan Adams o Hall & Oates.


Todos aquellos amantes del rock guitarrero más furioso estarán de enhorabuena si tienen un ejemplar de esta monstruosidad en sus filas. Si no, hay que ir corriendo a buscarla, porque te estarás perdiendo uno de los álbumes de rock definitivos de la década de los ochenta.



Ritchie Moreno


THE CULT "Ceremony" (1991)

Tras un disco como Sonic Temple y el éxito que le acompañó, no iba a ser tarea fácil crear un nuevo disco a la altura. Astbury y Duffy pasaban por una época en la que apenas se dirigían la palabra, y aún así se las apañaron para crear un disco de hard rock con mucha fuerza.


Los cuatro discos anteriores a este Ceremony, se caracterizaban por apenas tener nada en común salvo que pertenecían a la misma banda. En cada álbum se reinventaban a sí mismos y a su sonido, no perdiendo su esencia, pero no encasillándose. Sin embargo Ceremony es como una segunda parte de Sonic Temple, continúa con el mismo hard rock épico lleno de fuego, pero quizá un peldaño por debajo de su anterior trabajo.


Comienza con “Ceremony” tema que marca casi el tono general del disco. Sónido épico grandioso con la poderosa voz de Astbury y los riffs de Duffy.

“Wild hearted son” sigue las mismas pautas y fórmula de Fire Woman, a veces cuando tarareo una sigo tarareando la otra. Eso no quita que sea un gran tema, y de hecho fue el que en su día me hizo comprar el disco en aquellos y ya lejanos inicios de los años noventa. 

Le sigue una muy zeppeliana Earth mofo” manteniendo el tono y la fuerza de los anteriores cortes. 

Y llegamos a “White”. Con una tranquila intro acústica, el tema va ganando fuerza conforme avanza, los duelos voz/guitarra a lo largo del tema y ese aire épico y grandioso marca del dúo protagonista, hacen de éste uno de los mejores temas del álbum. 


Le siguen dos temas muy diferentes, If”, un medio tiempo power ballad que baja las revoluciones. Aunque es un buen tema, echas de menos la fuerza de lo anterior, y parece recuperarse con Full Tilt”, un tema muy de rock clásico. 


Esta segunda parte del disco, creo recordar que a partir de Full Tilt” se trata precisamente de la antigua cara B,  baja el tono de los temas anteriores. Son temas no sólo más lentos y medios tiempos, sino que algo inferiores. Buena prueba de ello es Heart full of soul”, medio tiempo que en su día fue el segundo single que editaron. Sin embargo, en mi opinión es casi el tema más flojo, seguido del tema lento Indian”,  otro momento intimista muy Astbury. 

 

Por suerte está Bangkok Rain”, hard rock puro y duro sin tapujos, aunque en algún momento algo machacón. 


“Sweet Salvation” es otro de esos medios tiempos balada de sonido épico, para acabar con la maravillosa, valga la redundancia, Wonderland”, perfecto cierre para un album quizá algo irregular, pero que no puede faltar en la discografía de cualquier amante de Hard Rock. 



Arantxa González


THE CULT "The Cult" (1994)

La década de los noventa fue complicada para todos los grupos de rock que desarrollaron la mayor parte de su carrera en la anterior con independencia de su estilo, algunos desaparecieron, otros siguieron adelante viviendo en un ostracismo casi total, y otros se adaptaron a los tiempos que corrían con desigual fortuna. Este último fue el caso de The Cult.


Si por algo se ha caracterizado siempre el dúo Atsbury & Duffy es por su capacidad para adaptarse a los tiempos que les ha tocado vivir a lo largo de los años manteniendo su esencia. Tras dos discos de hard rock puro y duro, tocó volver a renovarse o morir y tras lo último vino algo parecido a lo segundo.


Para esta nueva etapa que iban a iniciar volvieron a llamar a Bob Rock, el mismo que les hizo tener su mayor éxito con “Sonic temple” y que curiosamente también fue responsable de otros discos atípicos en los noventa de grandes bandas que a finales de los ochenta trabajaron con él y publicaron sus obras más populares.


Lejos de la potencia y grandiosidad del sonido de sus dos últimas entregas, aquí todo está más desnudo y sucio, se acabaron los riffs mastodónticos y las baterías contundentes. Si un grupo cuando publica una obra homónima busca hacer borrón y cuenta nueva, The Cult lo hacían habiendo dejado la pizarra totalmente limpia.


Lo que sentimos muchos fans cuando pusimos en nuestros reproductores aquel disco con una cabra en la portada (no en vano para muchos es “el disco de la cabra”) y una foto trasera realizada en un cuarto de baño de garito de mala muerte con un casi irreconocible grupo (los cambios de look y formación eran algo de lo que entonces uno no se enteraba hasta que compraba el disco), es difícil de narrar. Un extraño ritmo de batería y bajo, un mínimo arreglo de piano, un Ian que recita más que canta hasta que explota junto a una guitarra de sonido cuasi chirriante de Duffy y uno se quedaba con los ojos como platos y los oídos le hacían preguntarse, “joder, ¿qué es esto?”, pero curiosamente y tras el shock inicial no se podía negar que “Gone” sonaba potente y tenía su gancho.


El que pudiera pasar el trago del primer corte y fuera un fan más abierto de mente, podría disfrutar entonces de un disco que pese a no ser redondo si es homogéneo. Canciones más movidas como “Coming down”, que fue uno de los singles, tienen un ritmo de bajo punzante y un riff de guitarra con cuerpo, pero su impacto comercial fue prácticamente nulo. Lo mismo pasó con “Star”, una canción cuya demo original data de la época de “Sonic temple” y tuvo dos versiones en dicho formato hasta terminar adaptada aquí al tono general del disco. Es posible que si se hubiera elegido “Free” como single se hubiera conseguido algo más de repercusión, es un tema en el que Duffy lleva todo el peso haciendo un solo de verdad y las guitarras tienen más potencia, pero siendo justos, no es un tema que represente válidamente el resto del disco.


Es en los temas más místicos, melancólicos y pausados donde el experimento consigue sus puntos álgidos. “Real grrrl”, con un ritmo lento y sus distintos arreglos, ya sean de teclado recordando un mellotron, de mandolina o distintas percusiones; el genial “Black sun” (uno de los mejores temas del disco) de arranque desértico y ritmo hipnótico hasta la aparición de Duffy para darle un aire místico; la cuasi desnudez instrumental de “Sacred life” en la que Atsbury llora la pérdida reciente de gente como River Phoenix o Kurt Cobain y en en el cual las partes de piano imprimen un tono de pesar y tristeza, hasta la que es sin duda la joya de la corona, el broche final de “Saints are down”, una fenomenal balada de tono sombrío en el que Bob Rock se encarga de las omnipresentes acústicas en uno de los canales mientras Duffy hace sonar sus partes primero de manera dramática y posteriormente con desesperada y rabiosa tristeza.


El disco no tuvo éxito, el público joven que abrazaba el grunge y los sonidos alternativos de aquellos de años veía a The Cult como un grupo más de los ochenta al que no les apetecía prestar atención, y el que los seguía desde “Sonic temple” lo vio como un intento de subir al carro de lo que se llevaba en aquellos años no queriendo saber nada de él. Tras este trabajo, Atsbury & Duffy metieron en el congelador al grupo y se montaron sus aventuras en solitario hasta su vuelta unos cuantos años después.



Alberto H.S.



THE CULT "Beyond Good and Evil"(2001)


The Cult siempre han tenido una gran virtud, y un gran defecto a la vez: el de no encasillarse demasiado en un estilo determinado del rock. A ver… cuando nos acostumbramos a su lado más pop y amable… salen con un disco de hard rock, fuertemente inspirado por AC/DC y similares. Cuando ya tenemos ese perfil en los oídos, se descuelgan con un disco polvoriento y desértico. Cuando aún no nos hemos quitado el polvo de los ojos, se nos presentan con un disco metálico, muy metálico. Y cuando el sabor del acero en los labios sigue persistiendo, reculan, y vuelven al pop. Así no hay quien pare, señores.


Nos vamos a centrar hoy en el metal, en ese “Beyond Good And Evil” que descolocó a más de uno, y a más de media docena. Un disco que no es que tontee con el metal más bronca, es que lo asume absolutamente. Me imagino la cara de los fans de “Love” escuchando el tema que abre este artefacto, “War (The Process)", y dándole al fase forward de su equipo de música a ver si este tema ha sido solo un accidente. Me los imagino sacando rápidamente el CD, y asegurándose de que eso era un disco de The Cult. Si, amigos, lo es. Afortunadamente.


Trallazo tras trallazo, nos van mostrando que Astbury y Duffy también saben darle a esto del metal. Con un compinche de lujo como Matt Sorum, uno de los parcheadores más infravalorados del rock’n’roll. Un tío eficaz donde los haya. En cuanto al bajista, recurrieron a mercenarios. La base rítmica nunca ha sido tampoco un puesto estable en los británicos.


Pese al cambio de orientación, todos podremos observar que se trata de un disco cien por cien The Cult. “Rise” es un buen ejemplo de lo que comento. Un riff “de culto”, metalizado hasta las cachas, con guitarras macizas, pero que tiene el deje de viejas canciones de la banda.


Metal en todas sus versiones. Hasta ciertas escaramuzas con el metal industrial, como demuestra “Take The Power” y su intro. Riffs monolíticos, y ese no estar tan pendientes de los solos apabullantes. Esto es cera pura, amigos.


La oscuridad y cierto toque gótico, marcas también de la casa, siguen apareciendo en trallazos como “Ashes And Ghosts”, uno de los mejores temas del disco.


Solo dos canciones nos dan una bocanada de aire entre tanto azufre y óxido: “Nico” y “True Believers”, que mantienen ese delicioso aroma a decadencia del que siempre han hecho gala estos tipos.


Y la traca final, con “My Bridges Burn”, un tema que me atrevería a calificar más “hard” que metal, nos confirma que este es un disco de esos que hay que poner dos o tres veces en cada escucha. No salgas de casa sin haberte metido una dosis de ésto, amigo.


Mi álbum favorito de The Cult. Atípico, sí, pero mataría a quien fuera porque estos tipos siguieran por esta senda. Aunque creo que, en la actualidad, eso es más que una utopía.



Ritchie Moreno



THE CULT "Born Into This" (2007)

Antes de la grabación de “Born Into This” hacia un lustro que la banda estaba en stand bye. Después de “Beyond the Good and Evil”, publicado en 2001, de su correspondiente gira y de la suspensión de algunas fechas después de los atentados del 11 de Septiempre de 2001, la banda volvió a desintegrarse durante un tiempo. Atsbury se unió a los miembros vivos de sus admirados The Doors, posteriormente rebautizados com Raiders of the Storm. Duffy formó una efímera banda llamada Coloursound y Sorum se unió a la super banda Velvet Revolver. Sin embargo The Cult se reunieron en 2006 para una corta gira y en primavera de 2007, en cuanto Atsbury dijo que dejaba Raiders of the Storm y volvía definitivament a los Cult, firmaron con Roadrunner Records para editar un nuevo álbum


La formació para este octavo disco en estudio de la banda británica fue además del tandem Atsbury – Duffy, Chris Wyse al bajo y John Tempesta a la batería y la producción corrió a cargo del bajista de Killing Joke, Martin "Youth" Glover.


“Born Into This” es uno de los discos de la banda que pasó más desapercibidos, y la recepción por parte de las críticas fue un tanto fria, pese a haber tardado seis años en publicar nuevo material. El disco, para mi, es un tanto irregular. Cuenta con algunos buenos temas con un gran groove, como el que da nombre al álbum, "Born Into This".


Tiene una buena continuación con "Citizens", se pierde un poco con los sonidos modernos y casi electrónicos de "Diamnonds", o de "Dirty Little Rockstar" , con ritmos de bajo y batería monótnos y machacones, casi propios de la música dance, y baja el ritmo con "Mountain", un tema lento que me recuerda más a Chris Isaak que a los propios The Cult. El contraste, sin embargo, vuelve con la potente "I Assassin", con un riff made in Duffy, y se modera un poco con "Illuminated".


"Tiger in the Sun" es otro tema lento, sin llegar a ser baladaa, y con un estilo The Cult mucho más reconocible, que da paso a los dos temas que cierran el disco, "Savages" y "Sound of Destruction" que siguen esa linea moderna aunque sin abandonar el espíritu The Cult, una base rítmica algo monótona, la voz de Atsbury que destaca por encima de todo y algunos riffs afilados de Duffy. 


Es probable que este disco merezca más atención de la que, en general, se le ha dado. Se trata de un trabajo correcto y que puede gustar a cualquier seguirdor de la banda, pero bien es cierto que no pasa la prueba edl algodón en comparación a sus mejores obras.



Òscar “Zep” Herrera


THE CULT "Choice of Weapon"(2012)

“Choice of Weapon” es, por increíble que pueda parecer (al menos a mí, que soy un escéptico total con los nuevos trabajos de prácticamente la totalidad bandas veteranas de rock), un disco que está a la altura de sus mejores trabajos. Y tratándose de una banda que cuenta con discos como “Electric” o “Sonic Temple”, esto son palabras mayores.

Este disco suena a The Cult por todos los costados, lo cual significa rock clásico, hard rock y rock psicodélico a partes iguales. Si a esto le añadimos, nuevamente, la mano del quizás mejor productor de rock de los últimos treinta años, Bob Rock y la colaboración del gurú del sonido stoner, Chris Goss, nos es de extrañar que estemos delante de un disco de puro rock clásico que suena potente de cojones y actual como pocos. Y si lo aderezamos con lo fundamental, la inspiración, que parece que no pasó precisamente de largo en este disco, no podemos más que celebrar la salida de este “Choice of Weapon” y esperar a ver como suenan sus diez temas (obvío los bonus de su edición deluxe) al lado de “Love Removal Machine”, “Li’l Devil”, “New York City”, “Fire Woman”, “Edie (Ciao Baby)", ”She Sells Sanctuary”, “Ceremony”, etc, etc, etc..


Y para adentrarnos ya en el disco, empezaremos, como debe ser, por el principio. “Honey from a Knife” es un cañonazo que funciona a la perfección como tema introductorio. The Cult en su estado más reconocible, rock pesado y pasado de vueltas, Atsbury dando caña a sus cuerdas vocales y Duffy en plan machacón. Algunos hablan de un tema Ramoniano, yo no le veo tanto las similitudes pero sí tiene un punto sucio y punk, puro rockanroll con unos coros simples y brutos como una alpargata pero llenos de actitud.


“Elemental Light” es un tema que empieza lento y con un feeling muy especial para que acto seguido Duffy introduzca un riff de lo suyos y el tema poco a poco gane en intensidad. Un medio tiempo grandilocuente al estilo The Cult y con un estribillo muy reconocible y reiterativo que le va como anillo al dedo.“The Wolf” es de nuevo puro rock’n’roll machacón, con un Duffy más Page que nunca y Atsbury tan Atsbury como siempre.


El cuarto tema es la primera balada del disco, “Life>Death”. Pero no nos confundamos, no es un balada cargada de azúcar destinada a sonar en las radiofórmulas donde antaño sonaban este tipo de melodías, es simple y llanamente un tema que sirve para trasmitir emociones, más que una canción es la plasmación de un estado de animo. Un momento importante del disco.


“For the Animals”, elegido como primer single del disco, es de nuevo un tema que podría figurar en cualquiera de los mejores discos de The Cult (es decir, del tandem Atsbury/Duffy). A destacar unos teclados a lo Stones/Faces/Quireboys/Diamond Dogs que van a las mil maravillas y unos coros simples y macarras que molan mogollón. Da ganas de poner voz impostada a lo Atsbury y berrear… “For the a…ni..mals..” 


“Amnesia”. Riff made in Duffy para empezar, base rítmica de altura para continuar y Atsbury para rematar. Poco más hay que decir.. El séptimo corte es de nuevo un tema lento, “Wilderness Now". Un preciosa canción ambiental y llena de emoción contenida, como debe ser un buen tema lento que pretenda transmitir algo a quién lo escucha. Porque no olvidemos que “el rock, amigos, se escucha con el corazón”.


“Lucifer” es un tema muy compacto, donde se puede apreciar más que en ningún otro ese trabajo de producción que hace que un tema suene jodidamente actual y añejo a la vez. Hard-blues-psicódelico-stoner marca de la casa The Cult/Bob Rock//Chris Goss.


“A Pale Horse”, con Atstbury/Elvis dando caña, un buen estribillo, una base rítmica de altos vuelos y Duffy haciendo de las suyas.


“This Night in the City Forever” es también lenta, una maravilla con reminiscencias Morrison/The Doors que sirve de colofón a un disco completo que combina rock, energía, melodía y juega con todo tipo de emociones. 


Como sucedía antaño, diez temas, escasos 40 minutos son suficientes para vivir una experiencia emotiva y gratificante que nos reconcilia con la banda británica y su vertiente rockarolera.


Òscar “Zep” Herrera



 EUROPE

 EUROPE: Europe (1983)

En febrero de 1983 los suecos Europe editaban su disco de debut. Ese mismo año, Def Leppard sacaban una obra cumbre que influenciaría a infinidad de bandas de hard rock y que de alguna manera cambiaría este estilo para siempre. Pero, ¿quiere decir esto que hay alguna similitud entre un disco y otro? La verdad es que no. El disco de debut de Europe es un muy buen disco de hard rock de corte clásico, influenciado por las mejores bandas, sobretodo europeas, como UFO, Thin Lizzy, MSG, Rainbow o Deep Purple, pero no supone ninguna nueva aportación al mundo musical del momento. No es más que una dignísima continuación de un estilo, el hard rock, que por aquel entonces estaba viviendo una segunda juventud. Por eso, los que conocimos este disco con posterioridad a su archifamoso "The Final Countdown" valoramos  este trabajo prácticamente como una obra de culto. ¿Por qué? Pues porqué con él nos dimos cuenta de que Europe no era un producto inventado, surgido de la nada con la única intención de comerse el mercado adolescente de mediados-finales de los ochenta, sino que la banda bebía directamente de las bandas más prestigiosas del género y por tanto, se merecían un respeto.

De hecho, si tuviéramos que clasificar a los suecos en diferentes etapas, este disco y su segundo, “Wings of Tomorrow”, constituirían la primera época de la banda. Una época que no pasó a la historia, que dejó solo unos pocos temas para el repertorio básico de la banda, pero que para mí es una de las épocas más interesantes de los suecos.

Los temas de este disco combinan a la perfección dureza y melodía, la voz de Tempest, aunque aun no estaba en su mejor momento, sonaba mucho más agresiva que en el futuro más inmediato, las guitarras del joven John Norum eran compactas y casi cada uno de los temas contaba con un bonito solo de corte melódico que, por momentos, nos podían llevar a pensar incluso en estar delante de un alumno avanzado de Michael Schenker.

Es cierto que la producción era todavía algo arcaica, sobretodo pensando en los nuevos productos que estaban empezando a  revolucionar el mercado, como el citado "Pyromania" de los Leppard, pero el disco ha aguantado bastante bien el paso del tiempo y los ocho temas compuestos por Joey Tempest, más el tema instrumental “Boyazont” compuesto por Norum/Meduza están casi entre mis favoritos.

El disco de inicia con “In the Future to Come” y con un Joey Tempest que aun tendría que mejorar algo su pronunciación del inglés, en una magnífico tema de hard rock que trasmite energía y ganas de comerse el mundo. Un tema con una fuerza adolescente, con un riff contundente y un precioso solo made in Norum que si bien no supone la invención de la sopa de ajo es un deleite para los que disfrutamos con el hard rock enérgico y melódico de toda la vida.

Y lo mismo podríamos decir de “Farewell”, con una estructura parecida aunque algo más melódico, un estribillo recurrente y unas guitarras que cumplen a la perfección.

“Seven Doors Hotel” es quizás el tema más redondo del disco y un clásico de la banda. Es probablemente el tema que más se escapa del esquema general del disco y que avanza hacía unos derroteros algo más modernos que la banda explotaría años más tarde. El tema más acelerado del disco se inicia con una intro de piano que después de un redoble de batería da paso a un tema donde hay un trabajo de voces mucho más elaborado que en el resto de temas del disco, una guitarra más punzante, una base rítmica más presente. De hecho, es probablemente el tema más clásico pero a la vez más elaborado de todo el disco. Con una estructura algo más compleja que el resto, recuerda a los mejores Purple pero con un toque de comercialidad y modernidad que convierte a este tema en uno de los mejores de la carrera de la banda.

“The King Will Return” es un bonito medio tiempo de esos que Europe irán perfeccionando a lo largo de su carrera, donde aparte de unas guitarras muy melódicas y una voz a ratos susurrante de Tempest, tenemos algún pequeño intento de juego de voces, algo discretos, pero que apuntan a lo que la banda hará más adelante.

“Boyazont” es el tema instrumental del disco donde Norum nos demuestra que de mayor le gustaría ser Michael Schenker y escribir temas de la altura de “Into the Arena” y la verdad es que no sé si lo consigue pero lo que está claro es que Norum es un guitarrista que transmite emociones y es, sin duda, una parte fundamental de los Europe de ayer, de hoy y de siempre.

“Childern of this Time” sigue la línea de los primeros temas del disco, con un Tempest que cumple a la perfección, unos coros discretitos pero correctos, con buenas guitarras rítmicas y con un solo que pese a que se queda algo corto, funciona. No es el mejor tema del disco, pero no desentona.

“Words of Wisdom” se inicia con un órgano a lo “Starway to Heaven” para dar paso inmediatamente a un tema lento con guitarras acústicas que de golpe da un giro eléctrico para convertirse en un medio tiempo algo más rockero pero muy accesible, apto para cualquier paladar que sepa disfrutar de un tema lleno de melodía y que trasmite buenas vibraciones.

Con unas guitarras punzantes empieza “Paradize Day”, para dar paso a una base rítmica contundente y un tema bastante rockero que si tuviera las guitarras dobladas bien podría haber sido firmado por los mismísimos Thin Lizzy.

“Memories” finaliza el disco de forma contundente. De nuevo una base rítmica potente con teclado de fondo que nos recuerda a los UFO de los primeros 80 o al mismo MSG, aunque, como no, con unas voz algo más melódica y discreta como la de Tempest, que pese a todo, está más que correcto en este álbum que para algunos, entre los que me cuento, es casi una obra de culto.

Òscar "Zep" Herrera

EUROPE:  Wings of Tomorrow (1984)

 

Justo un año después del debut, los suecos Europe, lanzan su segundo disco “Wings of Storm”. La banda sigue siendo un cuarteto (Tempest es quien se encarga de los teclados) y el rubio vocalista es de nuevo el compositor de todos los temas (solo “Scream of Anger está con escrita con Marce Jacob), excepto el instrumental que corre a cargo de John Norum.

El disco se abre con “Stormwind”, y ya desde un primer momento nos damos cuenta que la producción ya nada tiene que ver con su disco de debut. Se trata de un tema comercial con unos solo de Norum que nos recuerda más a los que vendrán después en . “The Final Countdown” que a los del debut. Un tema correcto y resultón para abrir un disco que sigue la estela del primero pero que ya no suena igual.

“Scream of Anger” es uno de los temas más acelerados del disco. Con un buen riff y un Tempest que dentro de sus limitadas posibilidades en este tipo de temas, cumple.

“Open Your Heart” es ese tipo de balada que pronto se convertirá en una de las señas de la banda. Tema de amor edulcorado con guitarra acústica y teclados de fondo simulando violines. A media canción entran unos coros un tanto empalagosos y el tema se concverte por momentos en un medio tiempo para volver a donde empezó.

“Treated Bad Again” salva un poco los muebles con un inicio guitarrero y un tempo bluesy que permite a Norum marcarse unas cuantas escalas. El tema no está mal y por momentos nos recuerda a lo que en un futuro hará John Norum en solitario.

“Aphasia” es un tema instrumental, más melódico que el tema instrumental del debut “Boyazont” y que nos recuerda a lo que poco más pronto hará, por ejemplo, Vinnie Moore. Tema instrumental, melódico, de corte clásico, pero un tanto falto de consistencia y de feeling.

El sexto tema, o lo que es lo mismo, el primero de la cara B, es el que da nombre al disco “Wings of Tomorrow” y uno de los más acertados. Su estribillo pegadizo funciona bastante bien, no llega a empalagar y el tema a suena a hard rock clásico de corte melódico.

“Wasted Time” es de lo más parecido a los temas del debut. Una cabalgada hard rockera que funciona bastante bien, y aunque en estos temas yo siempre preferiría a otro tipo de cantante, Tempest está correcto.

“Lyin’ Eyes” es un buen tema. Otro de los que más hardrockea del disco. Sonido clásico de nuevo.

“Dreamer” es una baladita con piano de la cual poco hay que decir, no es la primera ni será la ultima en la discografía de Europe.

Y para cerrar, volvemos de nuevo al hard rock con "Dance the Night Away". Esta vez con una base rítmica rápida y acelerada que nos recuerda a unos Deep Purple a los que se les ha añadido los típico estribillo made in Europe, lo cual es una buena manera de dar por finalizado este disco.

Un álbum en el cual hay un buen trabajo de guitarras de Norum, una producción cuidada y un buen puñado de buenos temas. Pese a ello, en este disco yo ya no encuentro la espontaneidad y el descaro de su debut y aunque tiene más en común con al primero que con el próximo que van a sacar y que los catapultará hacia el éxito masivo, ya se apuntan aquí algunos elementos que caraterizarán a ese tercer disco llamado “The Final Countdown”.

Òscar “Zep” Herrera

EUROPE: The Final Countdown (1986)

 

Quizá el disco más controvertido de la banda, amado y odiado a partes muy desiguales: el gran público –la gran masa de oyentes que en los ochentan vestían el rock- lo considera obra cumbre y aquellos que más hurgaron en la discografía de los suecos, con los años, vieron que no hay para tanto en un álbum cuyo mayor valor reside en un megahit que ha devenido en odioso, de tan manido. ¿Es la obra maestra del grupo? ¿Lo peor de lo peor?

Más allá de opiniones, no podemos más que descubrirnos ante los más famosos teclados del rock en “The Final Countdown”, toda una lección de hit poderoso, rockero y a la vez pegadizo, que no pierde calidad por mucho que la radien a lo largo y ancho del planeta. ¿De verdad hubo un momento en la Historia en que esta canción no estaba en las cabezas de la gente?

Pero, tras el primer estallido, estamos muy lejos de tener un disco hueco, sino una colección de temas que podrían haber sido singles (cinco lo fueron, de hecho) en cualquier título de cualquier banda de la época: empezando por la genial y perfecta para el directo “Rock the Night”, “Ninja” y su enrevesado riff, o la no menos popular “Cherokee”, pasando por el trámite quinceañero de “Carrie”, quizá uno de los momentos más flojos del conjunto, más pendiente de hacer llorar a las niñas que de poner verdadera alma en su composición, una power ballad, “Time has Come”, donde los guitarrazos se dan de la mano a la perfección con unas preciosas melodías que Joey Tempest tan bien supo dominar.

En total, diez cortes de estilo homogéneo pero que es imposible que resulten pesados, sobretodo gracias a la variedad de melodías coreables, temas que habrían de encajar perfectamente en cualquier repertorio en directo, y una banda en estado de gracia: todo encaja en el tercer trabajo del quinteto, los teclados de Michaeli tienen presencia constante, pero las guitarras de Norum, que habría de firmar su último trabajo con la banda hasta el nuevo siglo, nos hacen tener muy presente a cada momento que estamos ante rock con mayúsculas, con mariconadas las justas, tan apto para corear o ponernos sensibles como para rompernos los cuellos al ritmo de sus riffs.

No hay drama en ver a la banda cambiar de registros musicales como quien cambia de zapatos si todos ellos relucen tanto y con tanta elegancia que, a la postre, nos encontramos con que unos tipos cuya discografía atesora trabajos tan distintos como fabulosos. Con “The Final Countdown”, estos cinco nórdicos demuestran que tienen el don de la oportunidad, que han sabido hacer el álbum perfecto en el momento perfecto y que se puede ser perfectamente comercial sin perder calidad en el intento.

Julen Figueras

EUROPE: Out of this World (1988)

 

La marcha de John Norum ya nos anunciaba alguna cosa. En plena efervescencia Europe, con los suecos sonando en todas y cada una de las radiofórmulas del viejo continente y siendo ya más que conocidos en los States, Norum decide que el camino que está siguiendo la banda no le interesa.

La banda, por tanto, debe afrontar el cuarto disco de su carrera sin el que ha sido uno de los pilares de su sonido hasta ese momento. Y la apuesta de Tempest y los suyos pasará por continuar por ese camino de accesibilidad y comercialidad sin complejos que suposo “The Final Countdown” y con el nuevo guitarrista, Kee Marcello, nos ofrecerán un disco que más que ningún otro en su carrera se acerca al sonido AOR que lo podría emparentar con los discos más descaradamente comerciales de bandas como los Journey de mediados de los ochenta.

Así que los Europe deciden abandonar casi por completo los sonidos hard rockeros para llenar los temas de teclados, algo pomposos, y aderezar todos y cada uno de ellos con solos llenos de escalas interminables del Sr Marcello. Para algunos este será el mejor disco de la banda, sobretodo para aquellos que disfrutan de los sonidos melódicos por encima de cualquier atisbo de energía hard rockera y bien es cierto que las composiciones de este disco son buenas. Además Marcello es un gran guitarrista, la banda suena conjuntada y Tempest parece encontrarse cómodo en este registro, pero en mi opinión, este disco peca por su exceso de producción. Para mi gusto, incluso más excesiva que la de su archiconocido "The Final Countdown". 

Es un disco que suena perfecto, todo parece milimetrado, los solos de Macello, los teclados, las voces.. pero le falta algo, ese algo tan personal y subjetivo que podemos llamar alma. Estamos delante de un disco que no transmite nada de espontaneidad, poca o nula vitalidad y que parece más bien intento de lucimiento técnico por parte de Marcello mientras el resto de los miembros de la banda parecen un simple acompañamiento de lujo con unos segunditos de gloria, los justos, en cada tema. Pero desgranemos un poco más este trabajo...

“Supertitious”, el tema con el que se abre el disco, y que fue su single de presentación, es ya una buena muestra de lo que el álbum nos depara. Coros edulcorados, teclados de fondo, siempre presentes, guitarras limpias y cristalinas y la voz de Tempest en su faceta más melódica. Un tema que la banda ha interpretado en directo en numerosas ocasiones y que en vivo suele ganar algo de energía.

“Let the Good Times Roll” sigue la línea del anterior, en este caso con una mayor predominio de las guitarras y con cierto aire bluesy que le da al tema un punto interesante y sirve, sobretodo, para lucimiento de Marcello.

“Open Your Heart” es una revisitación del tema que apareció en su segundo disco Wings of Tomorrow y que en esta ocasión se trata simplemente del mismo tema pero con más azúcar y con el único añadido de un breve  “riff” a mitad del tema, a lo Nel Schon.

“More Than Meets the Eye” sigue la estela de los dos primeros temas del disco, y es que no hay mucha variación en este cuarto trabajo de los suecos. Mucho trabajo de teclados y coros y un solo de Marcello lleno de escalas rápidas y bien marcadas en cada tema.

“Coast to Coast” es la segunda balada del disco después de Open Your Heart. Aquí es el teclado el que marca el tempo, al que se añaden unas guitarras acústicas, sonido de violines sintetizados y un cierto trasfondo bluesy para el tema más lleno de azúcar que jamás hayan compuesto los de Estocolmo (sin desmerecer en este capítulo a “Carrie”).

“Ready or Not” es el tema más rockero del disco, un riff algo más marcado y contundente que en el resto de temas y un solo bastante largo y rápido son lo más destacable.

“Sing of the Times” es otro tema comercial, con unas guitarras rítmicas algo más pesadas. Un medio tiempo con un estribillo que se repite hasta la saciedad y que está muy en la línea melódica del resto del disco.

“Just the Beginning” destaca por su estribillo alegre y reiterativo, una base rítmica bastante resultona y, como no, el típico solo pajilleril de Marcello.

“Nevers Say Die” no es precisamente una versión del tema de Black Sabbath sino más bien un tema que aporta bastante poco, destaca una guitarra algo bluesera y los omnipresentes teclados, pero el tema, en general, es algo soso.

“Lights and Shadows” es un medio tiempo también de corte algo bluesy con un estribillo que se repite hasta la saciedad pero donde Tempest está más que correcto. De hecho, en muchas ocasiones el disco parece hecho muy a medida de su registro vocal.

“Tower’s Calling” es el penúltimo tema del disco y hay que ser un gran fan de este trabajo para no haber apretado aun el pause. Unos coros de corte preciosista es lo más destacable de un tema que si no fuera el penúltimo de este disco quizás sería más recordado.

“Tomorrow” es la preciosa balada que cierra el disco. Una balada de piano y voz que pese a ser algo empalagosa funciona bastante bien como colofón de un disco lleno de “melodía”, quizás en exceso.

 Òscar “Zep” Herrera

EUROPE: Prisoners in Paradise (1991)

 

En 1991, Europe vuelven a la carga con el que será su quinto disco y segundo con el guitarrista Kee Marcello. Un disco donde Tempest cederá algo de protagonismo a otros miembros de la banda (en concerto al propio Marcello y al Teclista Michaeli) y a colaboradores externos a la hora de componer los temas, y desde mi punto de vista, probablemente sea eso lo que convierte a este disco en uno de los menos “Europe” de toda su carrera.

“Prisoners in Paradise” vuelve de nuevo a retomar el hard rock después de ese disco tan AOR que fue “Out of this World”, pero en esta ocasión parece que la banda quiera emular más a la bandas americanas que hasta hacía dos días habían copado los charts (Winger, Warrant, etc..) que seguir con su estilo de hard rock clásico al estilo europeo.

La producción del disco es excelente, la base rítmica suena mejor y más contundente que nunca, los solos de Marcello ya no son tan aburridos (aunque siguen trasmitiendo tan poco o menos que antes), pero al disco le falta algo de personalidad.

Después de un tema hard rockero al estilo de las bandas menciondas, “All or Nothing”, tenemos un tema con algo más de gancho llamado “Halfway to Heaven”, para bajar acto seguido el acelerador y entrar en derroteros que nos recuerdan a unos Bad English en horas bajas con un tema algo adulcorado y comercial llamado “I’ll Cry for You”, un tema parecido a los que predominaron en su anterior trabajo “Out of this World”.

“Little bit of Lovin” es un tema casi bonjoviano aunque con un groove bastante bluesy y, como no, un estribillo repetido hasta la saciedad. Es un tema correcto sin más.

“Talk to Me” también suena bastante a “Out of this World” aunque como decíamos, con una base rítmica más contundente y para mi gusto una mejor producción que en los temas de ese disco.

“Seventh Sign” es un tema más hard rockero, con unas guitarras más pesadas y que está entre lo destable del disco sin ser tampoco una obra de arte.

El tema título “Prisoners in Paradise” tiene un inicio prometedor con una intro interesante y un riff muy Brian May pero que poco a poco va decayendo hasta convertirse en un medio tiempo algo ramplón.

Con “Bad Blood” vuelven al hard rock y lo hacen de forma más que meritoria.

“Homeland” es una balada bluesy con un buen sonido de órgano de fondo y con unas bonitas guitarras por parte de Marcello, el cual, por primera vez en todo el disco, parece que quiere empezar a transmitir algo.

“Got Your Mind in the Gutter” se me hace muy pesada, el estribillo empieza demasiado pronto y ya no para de repetirse una y mil veces. Las guitarras, sin embargo, con un sonido muy blues y algo boogie, recuerdan a ratos a los ZZ Top ochenteros y están bastante bien.

“’Til My Heart Beats Down Your Door” es un tema interesante, buenos teclados, buena melodía y buenas guitarras, lástima que a estas alturas del disco ya está uno algo empachado.

Y llegamos ya al cierre de este disco con “Girl from Lebanon”, para mí el mejor tema. Supongo que es el premio por haber llegado hasta el final. Uno de los pocos temas del disco con verdadero feeling y con algo de épica y que hasta os pueden recordar a unos Zeppelin con una producción noventera. La gema del disco para el final, y seguramente no es casual que sea uno de los dos únicos temas (junto al tema-título del disco) compuesto en exclusiva por Tempest.

Òscar “Zep” Herrera

EUROPE: Start from the Dark (2004)

Los que nunca quisimos un “Out of this World” y que hubiésemos preferido mil veces que Norum no abandonara nunca el grupo, tuvimos que esperar nada menos que 18 años para poder escuchar como podía sonar la verdadera continuación de “The Final Countdown”.

Sabiendo que Norum dejó la banda por discrepancias musicales y habiendo disfrutado ya de varios discos en solitario del guitarrista, podíamos imaginarnos que el retorno de Europe iría por derroteros hard rockeros, pero no podíamos evitar que nos quedara la duda. Pero esta se disipó con los primeros acordes del tema que abre el disco “Got to Have Faith”.

De nuevo Europe volvían a su hard rock de toda la vida, con una producción actualizada pero rockeando como jamás hubieran tenido que dejar de hacerlo. Norum nos demostró que era el guitarrista de Europe y que si en solitario había hecho una gran carrera, con el resto de la banda mostraba su mejor faceta.

El tema título, “Start from the Dark” con sus guitarras pesadas y un Tempest en un gran estado era la confirmación de que estábamos delante de un gran retorno para el mundo del rock. La banda por fin había salido de largos años de oscuridad y se reinventaban de nuevo haciendo lo que mejor sabían hacer, conjuntar rock, melodía y bonitos estribillos.

“Flames” es otra muestra de ello. Un tema intenso y guitarrero que da paso a una emotiva balada donde la banda homenajea a sus héroes rockeros de juventud, “Hero”.

“Wake up Call” es un cañonazo, con un Norum en estado de gracia, con ganas de demostrar que él es parte fundamental de la banda. Un tema con un magnífico riff, con unas guitarras realmente pesadas y con Tempest a una gran altura, contrarrestando la dureza del tema con su tesitura vocal llena de melodía, y por que no decirlo, bastante feeeling.

“Reason” es el primer medio tiempo que hay en el disco, con sus subidas y bajadas, es un tema que funciona bastante bien a mitad del disco, sin ser un tema estrella.

Con “Song no. 12” vuelven a las guitarras pesadas, que no diré que recuerdan a las de Zakk Wylde, pero no andaríamos muy lejos. Sin embargo, es un tema que no aporta gran cosa y que cuenta unos cambios de ritmo un poco aburridos, lo cual hace que en estos momentos el disco empiece a decaer un poco.

Y “Roll with You” no ayuda para nada a levantar el ánimo. Un tema lento, que no es malo pero que para mi está mal colocado. Como tema final tendría un pase, pero aquí supone un nuevo bajón para un disco que había empezado muy potente y enérgico y que va decayendo en contundencia y también en calidad.

“Sucker” vuelve a levantar un poco el ánimo pero no sirve para recuperar del todo el espíritu que hasta hace poco tenía el disco. Es un tema correcto y poco más, más melódico que los primeros temas pero algo aburrido.

 “Spirit of the Underdog” es una canción algo más interesante, vuelve a ser una especie de medio tiempo con buenas guitarras, buenas voces, un aire bastante bluesy y pese a que no es para nada un trallazo, simplemente cumple bien su función. Un tema emotivo.

“America” es mucho más cañera. Un tema lleno de vitalidad, bastante rápido y que está casi a la altura de los que abrían el disco.

“Settle for Love” es otra balada. En este caso un tema acústico, para mi gusto bastante prescindible, que cierra un disco que no llega a ser el disco que prometía.

Pero parece que finalmente los riesgos a asumir por la banda se quedaron en algo frustrado, aunque para asumir riesgos ya tendán tiempo con el que será su próximo y magnífico disco “Secret Society”…

Òscar “Zep” Herrera

EUROPE: Secret Society (2006)

 

Tras la esperadísima vuelta en 2004 con un disco que no dejó a todos contentos por igual y que vaticinaba un cambio de estilo no poco marcado, llega dos años después la campanada definitiva el salto cualitativo que ya nadie podía esperar y que demostró, por si aún quedaban dudas, que Europe estaba de vuelta, y no para hacer caja con una gira tocando los temas de siempre. La nueva etapa, oscura, pesada y dura, iba a ser la base sobre la que iban a seguir su carrera musical.

Desde el primer segundo, literalmente, el oyente habitual de los suecos no puede sino quedarse perplejo, ¿dónde se han metido la laca y los cueros? “Secret Society” suena en forma de introducción, extrañísima, uno de los mejores temas que han salido de la mente y el corazón de Tempest (a medias con John Levén). “Always the Pretenders”, en unos pocos minutos nos da las dimensiones entre las que nos vamos a mover durante los siguientes tres cuartos de hora: guitarrazos y riffs fenomenales acompañados de melodías y envuelto todo en una oscuridad que choca con la deliciosa portada de la factoría de Storm Thorgerson.

 “Love is not the Enemy” sigue la misma línea, con voces poderosas y distorsionadas de Tempest en un corte rápido que nos va habituando a la tónica general del álbum. La nueva etapa deja poco espacio para sentimentales melodías vocales para quinceañeras. “Wish I Could Believe”, de las pocas semi-baladas del álbum, y “Let the Children Play”, con unos novedosos coros infantiles que recuerdan a The Wall, no ahondan sino en la necesidad que le surge a uno de dar las gracias una y otra vez a la banda por el giro que han dado. El arte es, entre otras cosas, innovación y constante movimiento, y Europe han sabido estar a la altura de los mejores en este campo.Aunque, lógicamente, esto depende de los gustos de cada cual, y resulta comprensible el disgusto de buena parte de sus fans, es necesario valorar la audacia con la que han mirado hacia delante, huyendo de fórmulas y esquemas previsibles.

Nuevos grandes riffs impregnan la segunda parte del disco, desde la cuasifilosófica “Human After All” hasta el final del álbum, pasando por rápidos cortes como “The Getaway Plan”, “Forever Travelling” (otro de los highlights del conjunto) o la más lenta “A Mother’s Son”, no por ello exenta de calidad. Es imposible quedarse con las mejores y las peores de Secret Society, porque todas, sin excepción, compiten a un nivel tan alto que, para quien escribe, configuran el que ha sido, hasta la fecha, el trabajo más sublime de Europe. Cuando parece que ya han tocado techo (y lo hicieron de hecho a nivel comercial), estos cinco suecos nos regalan una obra inspirada como pocas: lúgubre en sensaciones pero pasmosamente brillante en su composición.

Julen Figueras

EUROPE: Last Look at Eden (2009)

Con "Start From The Dark" Europe trazaron una línea. Al otro lado de la misma se encontraban sus anteriores trabajos, y junto a ellos, un núcleo importante de fans que no comulgaron con su nueva propuesta musical. Con "Last Look At Eden" la línea se ha ido agrietando hasta convertirse en una brecha, o más bien en un socavón desde cuyo borde seguidores conversos o críticos con los nuevos vientos de los Europe se observan y hasta discuten.

Y es que las huestes de Joey Tempest, con este disco, vienen a confirmar que el pasado mejor ni mentarlo, aunque en sus conciertos no se olvidan de su tema estrella para gozo de muchos y es que de bien nacidos es ser agradecidos.

En este trabajo que nadie espere baladas irrisorias o himnos pasteleros de postín. En cuanto a los temas más reposados "In My Time", con un claro hedor Blues Rock con sentidos y nada forzados solos de John Norum, sería el más destacado, y mirando a los 80, quizás "Gonna Get Ready" con su inconfundible toque Whitesnake.

Aunque inequívocamente, Europe suenan en el 2009 frescos y modernos, su horizonte está plagado de influencias para el recorta y pega, como en su anterior disco, sin lugar a dudas Rainbow son los más saqueados. "Last Look At Eden"(La canción) recuerda a eso precisamente, pero enfatizando más en la épica que poseían los de Blackmore en discos como "Bent Out Of Shape".

Algunos temas, entre los que se encuentra el anteriormente mencionado, están ligeramente recargados de ornamentos orquestales, precisamente para incidir en esa épica de la que hablabamos.

La voz de Joey Tempest poco o nada tiene que ver con el agudo y débil timbre que gastaba el muchachote de Upplands Väsby a mediados de los ochenta. Su habilidad vocal no pasma, pero su madurez, sobriedad y forma de atacar las canciones, le benefician claramente.

Esta obra de los suecos, funciona con intermitencias, a intervalos. En gran medida ofrecen contundencia, con las guitarras en un primer plano y recrean con mucha habilidad atmósferas oscuras, para ser "Europe". Parte de eso hay que atribuírselo también a los teclados de Mic Michaeli, orientados al clasicismo setentero. En "Catch That Plane" eso es lo que ofrecen, y lo combinan con estructuras más modernas en otros cortes como "U Devil U", en el cual las guitarras de Norum nos recuerdan a su trabajo con Don Dokken en el buenísimo "Long Way Home".

Si algo negativo puede achacarsele a este disco, quizás sea su estructura demasiado lineal, que hace que las canciones suenen algo rígidas, pero en general, "Last Look At Eden" rebosa buenos temas, lo que no es poco. Aunque a muchos, lo de la botella medio vacía servirá seguramente de excusa para machacar al disco y la arriesgada propuesta musical de la banda.


Caído En Little Big Horn

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